La vizcondesa de armas (fragmento)Juan Armada y Losada

La vizcondesa de armas (fragmento)

"La agradable, pero rápida impresión que causó Isabel en el ánimo de Jaime el día de la comida famosa, no fue parte para que, preocupado por la ausencia de su prima, dejase de acudir á fiestas y diversiones. Quizás les sorprendió á Jaime y á Isabel el que á su encuentro renaciese la afición amorosa, según uno y otro comprendieron por sus respectivas actitudes. Nada más oportuno que probar el amor sujetándolo á una tregua, que así nos libramos de confundir con el amor lo que se ofrece á los ojos del alma con apariencias de tal, no siendo más que alucinación de un momento.
Hizo Isabel su solemne aparición en salones y teatros. A que más pronto se habituase, no hallándose sola entre desconocidas, contribuyó poderosamente el encontrar á Luisa Candelas, que volvió á ser su protectora, presentándola una porción de muchachos, prodigándola obsequios y atenciones. Luisa estaba hecha una buena moza: era guapa de cara, alta de cuerpo, suelta de modales. Avaloraban sus correctas facciones aquellos hermosos ojos negros de fulmíneas y expresivas miradas. Isabel celebró mucho el encuentro de su antigua amiga.
Por su parte Jaime halló mil coyunturas para ver á Isabel y hablarla, según lo que sentía. No fué petulancia en Jaime que ni un momento se le pasase por las mientes la idea de una repulsa. Y es que desde luego se ofreció á sus ojos como cosa natural aquel amor, que fue bien pronto recíproca solicitación de dos espíritus, que les atraía formando misteriosos lazos, que ataban en una las aspiraciones del corazón y las ilusiones de la mente. La actitud de Jaime no era la del galanteador que mira con provocativo descaro; antes bien cuidaba de dar recato y reserva á sus miradas, como si no quisiese hacer á nadie partícipe de sus íntimas complacencias: y es que si el galanteador vulgar que al solicitar á las bellas va en busca de satisfacciones para su vanidad, quiere que sus triunfos anden en lenguas de las gentes, el que verdaderamente quiere y sólo se mueve por los impulsos del querer, hasta recompensa recibe con la correspondencia amorosa. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com