El cura de Monleón (fragmento)Pío Baroja

El cura de Monleón (fragmento)

"Los jesuitas buscaban entre los alumnos muchachos que les sirvieran, pero pocos pasaban a la Compañía de Jesús. Javier no era de los aficionados a las disquisiciones teóricas. Las teorías sobre la predestinación le entretenían y le maravillaban, pero no le convencían. Lo mismo le pasaba con las disputas clásicas acerca de la gracia y de su carácter, que tanto habían apasionado en otro tiempo al mundo católico. No le conmovían. Más bien creía en el libre albedrío que en la gracia, y seguramente él, como muchos de sus condiscípulos, si hubiera sido examinado detenidamente por teólogos sutiles, hubiera resultado un herético.
Las diferencias entre los agustinianos y los tomistas, que a los compañeros aficionados más o menos sinceros a la teología les apasionaban porque daban motivo a discusiones aparatosas a base de silogismos, a él no le interesaban lo más mínimo.
En cambio, leía con interés las vidas de algunos santos y la historia y las teorías de las distintas sectas de los gnósticos, con sus eones de varios nombres y de vario carácter; le parecía todo ello una novela de imaginación. No comprendía bien cómo habían arraigado estas fantasías. A él le parecía que lo primero era tener buen sentido y aplicar las ideas religiosas del cristianismo a la vida.
Los análisis sobre los casos de matrimonio, detallados y sucios, le producían repulsión.
Nunca hubiera leído el libro de Sánchez, Del matrimonio, del cual decían algunos seminaristas:
Si quieres saber más que el demonio, lee Sánchez: Del matrimonio.
Al terminar sus estudios del Seminario, Javier recibió las órdenes menores y después las mayores.
El canónigo don Pedro le regaló los veinticinco tomos de la Enciclopedia teológica, publicada por el abate Migne, y el Diccionario de De Bergier.
La ordenación de subdiácono le emocionó mucho y estuvo en el acto turbado. En la ordenación de presbítero, cuando el obispo le dio el beso de paz y le dijo: Pax domine sit semper tecum, y él contestó «Amén», sintió como una gran tranquilidad. Después cantó la primera misa en San Sebastián, en San Vicente. A la ceremonia fueron unos pocos amigos. No quería ostentación. "



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