Los avaros, de Dos epístolas Al Jahiz

Los avaros, de Dos epístolas

"Sabemos que las cosas nuevas tienen su lugar que no coincide con el de las cosas usadas. Dios, ¡ensalzado y glorificado sea!, otorgó a cada cosa un valor y le asignó un lugar, del mismo modo que a cada época dio sus hombres y a cada tema un capítulo. Dios puede a veces conservar la vida con veneno y quitarla con un alimento sano, atragantar con agua y matar con remedios.
Al apedazar los vestidos, se conjuga ahorro y humildad, mientras que en el caso contrario, se añade el derroche a la soberbia. Se dice que el remiendo constituye una de las dos formas de enriquecerse, lo mismo que el tener pocos hijos es una de las dos maneras de llevar una vida desahogada.
Al-Ahnaf entablilló la pata de una cabra y lo mismo ordenó al-Nucmân. El califa Cumar decía: «Aquel que come un huevo se ha comido un pollo». Un hombre dijo a uno de los señores: «¿Te regalo una gallina?», a lo que éste respondió: «Si no hay más remedio, que sea de las que ponen huevos», y Abû l-Dardâ' daba la misma importancia a los huesos mondos que al sacrificio de una res.
Me reprocháis que diga: «Que nadie, sintiendo lo avanzado de su edad, la espalda encorvada, los huesos débiles y su vigor menguado, cometa la ligereza de mostrarse demasiado generoso; que esto no sea causa de que su dinero se le vaya de las manos para caer en manos de otro; que no se deje llevar por la prodigalidad y dominar por las pasiones, pues quizá viva aún muchos años, cosa que no puede saber, y alcance una gran longevidad, cosa que no puede prever. Y quizá tenga un hijo, cuando ya no lo esperaba, o sea víctima de alguna de las asechanzas del destino, imprevisibles y misteriosas. Entonces buscará recuperar sus bienes inútilmente y se quejará a aquellos que no tendrán piedad de él y se verá débil para buscar y le será ingrato ganarse la vida». Me acusáis de esto y, sin embargo, Camrû b. al-cÂs dijo: «Con respecto a los bienes de este mundo, compórtate como si fueras inmortal, pero con respecto a la otra vida, actúa como quien va a morir mañana».
Me denigráis porque afirmé: «Las riquezas ganadas en el juego o adquiridas por herencia, el dinero encontrado y los regalos de los reyes se derrochan, mientras que se conservan los bienes adquiridos con trabajo, las riquezas acumuladas con esfuerzo o a riesgo de salirse de la religión o de mancillar el honor y aquellas conseguidas con la fatiga del cuerpo y con agobiantes preocupaciones del espíritu. Aquel que no controla sus gastos no lleva cuenta de sus ingresos, y aquel que no lleva cuenta de los ingresos ya se ha desprendido de lo básico. Aquel que no conoce el valor de la riqueza abre la puerta a la pobreza y se expone a la humillación».
También me criticáis el haber dicho que una ganancia lícita implica un gasto lícito y que el mal lleva al mal y el bien llama al bien; que los gastos irrazonables impiden el cumplimiento de algunos deberes, mientras que los gastos justificados frenan los deseos inútiles. Pero Mucâwiya dijo: «Jamás he visto un derroche que no fuera acompañado de la negligencia de un deber» y al-Hasan también decía: «Si deseáis saber dónde consigue un individuo sus recursos, no tenéis más que ver cómo los gasta, puesto que el dinero mal adquirido siempre es despilfarrado».
Por la solicitud que siento hacia vosotros, porque os veo con buenos ojos y porque deseo que conservéis lo que pertenecía a vuestros antepasados y respetéis los deberes hacia vuestros vecinos, hacia los que comparten la mesa con vosotros y hacia vuestros íntimos, os dije: «Os encontráis en este valle de lágrimas donde las desgracias se contraponen a la seguridad; si una calamidad se abate sobre los bienes de alguno de vosotros, éste se quedará sin ningún recurso, de modo que conservad vuestras riquezas guardadas en distintos lugares, para que la desgracia no las afecte a todas a la vez, a menos que conlleve la muerte de todo el mundo».
El califa cUmar, ¡Dios esté satisfecho de él!, decía, refiriéndose a esclavos y esclavas, a la propiedad de ovejas, camellos e incluso de cosas insignificantes o superfluas: «Separad lo que es perecedero». Y como Ibn Sîrîn preguntase a ciertos marinos: «¿Cómo preserváis vuestras propiedades?», éstos le respondieron: «Las repartimos entre varios barcos y si uno naufraga, otro quedará a salvo. Y, desde luego, si no fueran más las posibilidades de que se salvaran, no transportaríamos nuestros tesoros por mar». Dijo Ibn Sîrîn: «Piensas que es una mujer necia y resulta ser prudente».
Mi solicitud hacia vosotros hizo que os dijera: «La riqueza es como una borrachera y el dinero cambia a la gente y aquel que no proteja a su riqueza de esta borrachera, la perderá, y el que no una al dinero el temor a la pobreza, se arruinará debido a esto». Vosotros me reprocháis estas palabras, pero ¿acaso no decía Zayd b. Djabala: «No hay mayor pobre que el rico que se cree al abrigo de la miseria; la borrachera de la riqueza es más fuerte que la del vino»?
Y seguís diciendo: «Este hombre se empeña en incitar al prójimo a conformarse con lo necesario y renunciar a lo superfluo, hasta el punto de usarlo en sus versos, epístolas, sermones y en todas sus conversaciones». "



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