Tío Vania (fragmento)Anton Chejov

Tío Vania (fragmento)

"SONIA: ¡No!… (Volviendo la cabeza para mirarse en el espejo.) Cuando una mujer es fea, se le dicen esas cosas: «Tiene usted un pelo precioso»… «Tiene usted unos ojos preciosos»… ¡Hace ya seis años que le quiero!… ¡Le quiero más que a mi padre!… ¡En todo momento oigo su voz, siento la presión de su mano, y si miro a la puerta, me quedo suspensa, pues se me figura que va a entrar!… ¿Ves?… ¡Siempre acudo a ti para hablar de él!… ¡Ahora viene todos los días, pero no me mira…, no me ve! ¡Qué sufrimiento!… ¡No tengo esperanza alguna!… ¡No!… ¡No!… (Con acento desesperado.) ¡Dios mío!… ¡Dame fuerzas!… ¡Me he pasado toda la noche rezando!… A veces me acerco a él, le hablo, le miro a los ojos… ¡Ya no tengo orgullo ni dominio sobre mí misma!… ¡Ayer, no pudiendo resistir más, confesé a tío Vania que le quiero!… ¡Todos los criados saben que le quiero! ¡Todos lo saben!
ELENA ANDREEVNA: ¿Y él?
SONIA: No. Él ni siquiera se fija en mí.
ELENA ANDREEVNA (pensativa): Es un hombre raro… ¿Sabes una cosa?… Vas a permitirme que yo le hable. Lo haré con mucho tiento…, valiéndome de insinuaciones… (Pausa.) En serio: ¿hasta cuándo vamos a vivir, si no, en la ignorancia de esto?… ¡Permítelo! (Sonia hace con la cabeza un signo de asentimiento.) ¡Magnífico, entonces! Si él te quiere o no te quiere, no será tan difícil de averiguar… No te preocupes, palomita… Indagaré con mucha precaución, y ni siquiera se dará cuenta. Lo único que tenemos que saber es si es «sí» o si es «no»… (Pausa.) Y si es «no», no tiene que volver por aquí. (Sonia vuelve a asentir con la cabeza.) ¡No viéndole es más fácil…! Lo que no vamos a hacer es dejar el asunto para más tarde. Se lo preguntaremos ahora mismo… Parece ser que tiene intención de enseñarme unos planos delineados por él, conque ve y dile que quiero verle.
SONIA (presa de fuerte agitación): ¿Me contarás toda la verdad?
ELENA ANDREEVNA: ¡Claro que sí! Entiendo que la verdad —sea cual sea— nunca es tan temible como la incertidumbre… ¡Confía en mí, palomita!
SONIA: ¡Sí, Sí!… ¡Le diré que quieres ver sus planos!… (Se dirige a la puerta; pero, antes de entrar, se detiene un momento.) ¡No!… ¡Mejor es la incertidumbre!… ¡Siempre queda al menos la esperanza!…
ELENA ANDREEVNA: ¿Qué te pasa?
SONIA: Nada. (Sale.)
ELENA ANDREEVNA (sola): No hay cosa peor que conocer un secreto ajeno, y no poder servir de ayuda. (Pensativa.) Él no la quiere; eso está claro…, pero ¿por qué no habría de casarse con ella, después de todo?… Es fea; pero para un médico rural y de sus años, sería una mujer maravillosa… ¡Es inteligente y tan buena, además…, tan pura!… No, no es esto lo que… (Pausa.) ¡Comprendo a esta pobre chiquilla!… ¡En medio de este atroz a aburrimiento, viendo vagar a su alrededor, en lugar de personas, a unas manchas grises; sin oír más que vulgaridades, ni hacer más que comer, beber, dormir… La aparición de un hombre como él, distinto de los demás, guapo, interesante, atractivo, es igual a cuando de la oscuridad surge una luna clara!… ¡Sucumbir al encanto de un hombre así!… ¡Olvidarse!… Parece enteramente que yo también estoy un poco prendada de él… Sí…, me aburro sin su compañía, y ahora sonrío recordándole… Tío Vania dice que por mis venas corre sangre de ondina… «¡Permítase obrar con libertad, aunque sólo sea una vez en la vida!»… Pues ¿qué?… ¡Tal vez tenga que hacerlo así!… ¡Volar lejos de aquí, libre como el pájaro, alejándome de todos vosotros!… ¡De vuestros rostros soñolientos, de vuestra charla!… ¡Olvidando vuestra existencia en el mundo!… ¡Pero soy cobarde, tímida!… ¡La conciencia me atormentaría!… ¡Adivino por qué él viene aquí todos los días, y ya me siento culpable!… ¡Estoy dispuesta a caer de rodillas ante Sonia, a pedirle perdón y a llorar!…
ASTROV (entrando con un cartograma en la mano): Buenos días. (Le estrecha la mano.) ¿Quería usted ver mis dibujos?
ELENA ANDREEVNA: Ayer me prometió enseñarme el trabajo que estaba haciendo. ¿Dispone de tiempo libre?
ASTROV: ¡Oh, ciertamente! (Extendiendo sobre la mesa el cartograma y fijándolo con chinches.) ¿Dónde nació usted?
ELENA ANDREEVNA (ayudándole): En Petersburgo.
ASTROV: ¿Y dónde hizo sus estudios?
ELENA ANDREEVNA: En el Conservatorio.
ASTROV: Esto quizá no sea interesante para usted.
ELENA ANDREEVNA: ¿Porqué?… Verdad que no conozco mucho el campo, pero he leído tanto sobre él. "



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