Las aventuras del buen soldado Svejk (fragmento)Jaroslav Hasek

Las aventuras del buen soldado Svejk (fragmento)

"La misa y los sermones eran una bonita interrupción del aburrimiento de la prisión militar. Lo que importaba no era acercarse a Dios sino la esperanza de encontrar un cigarro o una colilla de puro en el pasillo o en el patio. A Dios lo desbancaba por completo una pequeña colilla extraviada sin esperanzas en un escupidero o en el suelo, en medio del polvo. Este pequeño objeto pestilente vencía a Dios y a la salvación del alma.
Y luego seguía el sermón, esa grandiosa broma. No obstante el capellán castrense, Otto Katz, era un hombre encantador. Sus sermones eran de una amenidad poco común, cómicos, agradables en el aburrimiento del arresto militar. ¡Sabía desbarrar tan bien sobre la infinita gracia de Dios, edificar espiritualmente a los salvajes detenidos y a los hombres sin honra! Sabía blasfemar a la perfección desde el púlpito y desde el altar. Desde el altar vociferaba maravillosamente el Ite, missa est, decía la misa de una manera original confundiendo su orden, y cuando ya estaba muy borracho inventaba nuevas oraciones y una nueva Santa Misa, su propio rito, una cosa nunca vista.
Y luego su "¡hola!" cuando resbalaba y se caía con el cáliz, el santísimo sacramento o el misal y culpaba al monaguillo, del departamento de detenidos, de haberle hecho la zancadilla e inmediatamente lo sancionaba con celda de castigo y esposas.
Y el afectado se alegra porque todo ello forma parte de la juerga en la capilla de la cárcel. Él desempeña un gran papel en la obra y lo hace con dignidad.
El capellán castrense Otto Katz, el sacerdote militar más completo, era judío. Esto, por otra parte, no era nada extraordinario; el arzobispo Kohn también lo era y además era amigo de Machar.
El cura Otto Katz tenía un pasado mucho más abigarrado que el famoso arzobispo Kohn.
Había estudiado en la academia de comercio y servido como voluntario de un año. Y era tan experto en derecho de cambio y cambio que la firma Katz y Co., sufrió gloriosa bancarrota en el espacio de un año, por lo que el viejo señor Katz, después de llegar a un acuerdo con sus acreedores y sin que lo supieran ni ellos ni su socio, que emigró a Argentina, se esfumó a Norteamérica.
Así pues, cuando el joven Otto Katz hubo obsequiado desinteresadamente a Norte y Sudamérica con la firma Katz y Co., se encontró en la situación de un hombre que no puede esperar ninguna parte de la herencia, no sabe adónde ir y tiene que alistarse en el ejército.
Pero antes, el voluntario de un año Otto Katz tuvo una gran idea: se hizo bautizar. Se convirtió a Cristo para que le ayudara a hacer carrera.
Se convirtió a Él con la fe absoluta de que era un asunto comercial entre él y el Hijo de Dios.
Fue bautizado solemnemente en Emaús. El padre Alban lo sumergió en la pila bautismal. Fue un espectáculo maravilloso. Lo presenció un piadoso mayor del regimiento de Otto Katz y también una vieja solterona del noble cabildo de Hradschin y un fanfarrón representante del consistorio, fue el padrino.
El examen de oficial le fue muy bien y el nuevo cristiano Otto Katz se quedó en el ejército. Al principio le pareció que todo iría a pedir de boca e incluso quería empezar a estudiar la carrera militar. "



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