Para otros es el cielo (fragmento)Piedad Bonnett

Para otros es el cielo (fragmento)

"Mientras la gente se marchaba me deslicé hasta un rincón del cementerio, como un ladrón de tumbas, y desde allí los vi pasar a todos, unos francamente acongojados, otros indiferentes, otros charlando abiertamente, pues un funeral, como se sabe, es muchas veces ocasión de reencuentros con parientes o viejas amistades. Me interesaba que no me vieran algunos conocidos, que habrían confirmado viejas sospechas al verme en aquel lugar, o que me habrían mortificado en un momento donde sólo quería silencio e intimidad, aunque, viéndolo bien, yo era la tonta que se estaba exponiendo al rendirme a la tentación del rito en vez de quedarme en la casa con mi pena solitaria. Cuando ya todos se marcharon y me animaba a abandonar el lugar en que me escondía, vi, no sin asombro, que alguien más aguardaba la soledad de aquel momento para salir desde un ángulo escondido del cementerio; reconocí en aquel hombre ya mayor, alto, moreno, de semblante visiblemente atristado, a Ramón Arias. Lo supe, no porque lo hubiera visto otras veces, sino porque dos días antes su cara había aparecido en los periódicos, que anunciaban que en la noche sería galardonado con el Premio Nacional de Ciencias Exactas; y porque su presencia allí, silenciosa, tardía, me había recordado un comentario de Alvar, breve, lapidario, significativo. Nos saludamos con una breve inclinación, repentinamente vinculados por el afecto hacia el muerto reciente, y sorprendidos mutuamente en nuestro gesto furtivo. "


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