Después de todo (fragmento)Piedad Bonnett

Después de todo (fragmento)

"La muchacha no se ablandó. Por el contrario. En su argumentación Ana encontró una insolencia que añadía vibraciones en su voz y ponía a brillar sus ojos con frialdad de cuarzo. Las pupilas de la muchacha eran de un verde seco y ligeramente estrábicas como las de su padre. De él lo había heredado todo: la nariz imperiosa y las cejas desordenadas, la boca delgada, la cerebralidad al tomar decisiones. Hasta esa manera de disponerse a atacar, tensa y silenciosa, como la de ciertos animales. Era como si en su concepción Ana no hubiera aportado nada, salvo el vientre, donde su hija había crecido como una flor exótica en un invernadero. Su boca, de la que se desprendían ahora duros reproches, se le antojó la de un muñeco de ventrílocuo, o el instrumento de un médium a través del cual su marido levantaba la voz desde la tumba. Como en los años atormentados de su matrimonio, sintió que se rebelaba contra la omnipotencia de la acusación con una ferocidad dolida. Arrepentida de su actitud agresiva, intentó entonces una conversación amigable. "


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