Neruda, Chile, de Piel sobre la piedra (fragmento)Artur Lundkvist

Neruda, Chile, de Piel sobre la piedra (fragmento)

"Por ti existen los sillones de paja que crujen confidentes y el frío del metal en los nocturnos candelabros. Por ti existe el gusto de las castañas en el sol de septiembre y la sal de los mares dibuja sus cabellos en la roca. Por ti existen los pequeños espejos que giran en los árboles y las botellas arrojadas donde nacen los rojos insectos. Por ti existe el fuego que se aduerme en la multitud negra y los bosques no se dejan detener en el límite de las nieves. Ante ti pasan las nubes como estatuas en paz heroica y en señal de saludo alza su haz el campesino hasta sus ojos. Tus mañanas tienen húmedo el techo, blanca la humareda, frías las manzanas, tus tardes párpados de amapola y cáscara de huevo, tu mujer se acerca como aguadora que ha dejado su cántaro. Tras tu casa maduran las nueces en pequeños puñados, sobre tu frente juega la niebla como una bailarina mientras el mar redobla por ti sus campanas de bronce. Tus bolsillos rebosan de semillas y planes, las carretillas siguen tus huellas y la roja tierra. Jóvenes destocados te envidian las miradas de odio que llegan hasta ti de la sombra que hay en algunas casas. Brilla la lámpara sobre tu yelmo de grafito y noctámbulos, contra tu hombro se apoya un manzano durmiente y las corrientes venas de un viejo pescador. Tú fuiste, y seguirás siéndolo, un inigualable historiador de los pueblos y de los destinos humanos, pero para mí eres, sobre todo, el revelador de la naturaleza, los elementos y la materia, el predicador de un materialismo espiritualizado por la poesía. Tú fuiste el mago que explicabas los acontecimientos que se desarrollaban más allá de la tragedia humana. Los procesos más íntimos y ocultos en el interior de las plantas y las rocas, en las raicillas y las gotas de agua, hasta en los átomos y las moléculas... Si bien tenías un parecido frecuentemente señalado, con el tapir y el pingüino, ante mí te presentabas siempre como Neptuno o Poseidón... Tu rostro, como una roca costera batida por un oleaje de millones de años, parecía tallada en una sabiduría insondable hasta que, de repente, tu malicioso humor lo iluminaba desde dentro, delicada o suavemente burlón, con una inteligencia que iba mucho más allá de las contradicciones corrientes y los problemas cotidianos. "


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