1984 (fragmento)Haruki Murakami

1984 (fragmento)

"Ushikawa tuvo que aparcar durante un tiempo la búsqueda de información sobre la anciana de Azabu. La rodeaban demasiadas medidas de seguridad y Ushikawa comprendió que, la abordara por donde la abordase, acabaría dándose de bruces contra un alto muro. Quería averiguar algo más sobre la «casa de acogida», pero seguir rondando por allí era peligroso. Había cámaras de seguridad, y Ushikawa llamaba demasiado la atención. Si los pusiera en alerta, todo se complicaría. De momento, se alejaría de la Villa de los Sauces y probaría a seguir otra vía.
La única «otra vía» que se le ocurrió fue repasar lo que ya sabía de Aomame. Tiempo atrás, para Vanguardia, había encargado una pesquisa a una agencia de investigadores con la que tenía trato, y él mismo había indagado por su cuenta. Tras reunir un dossier detallado sobre la chica, había llegado a la conclusión de que Aomame no representaba ninguna amenaza. Era una chica competente como profesora en el gimnasio y gozaba de buena reputación. En su infancia había pertenecido a la Asociación de los Testigos, pero pronto rompió los vínculos con la comunidad. Tras licenciarse en la Facultad de Ciencias del Deporte con una de las notas más altas, había trabajado para una empresa alimentaria que comercializaba productos y bebidas para deportistas, y había sido la jugadora principal de su club de sófbol. Sus compañeros decían que era excelente, como deportista y en su trabajo. Emprendedora y despierta. Tenía buena fama. Sin embargo, era más bien callada y tenía pocas amistades.
De repente, unos años atrás, había abandonado el club de sófbol y la empresa y había conseguido un empleo en un club deportivo, un gimnasio de lujo en el barrio de Hiroo. A partir de entonces había pasado a ganar el triple. Era soltera y vivía sola. Parecía que en ese momento no tenía pareja. En cualquier caso, Ushikawa no encontró en su pasado nada sospechoso ni turbio. El detective frunció el ceño, soltó un hondo suspiro y tiró sobre el escritorio el dossier, al que había vuelto a echar un vistazo. «Algo se me escapa. Un punto fundamental que no debería pasarme inadvertido.»
Ushikawa sacó una agenda de teléfonos de un cajón del escritorio y marcó un número. Cuando necesitaba recabar información de manera clandestina, siempre recurría a ese número. La persona a quien llamaba habitaba en un mundo aún más sombrío que el suyo. Pagándole, le conseguía cualquier información. Naturalmente, cuanto más protegida estuviera esa información, más caro le salía.
Buscaba datos relacionados con dos ámbitos: por una parte, información sobre los padres de Aomame, que en la actualidad seguían siendo adeptos de la Asociación de los Testigos. Sabía que la sede principal de la comunidad centralizaba la documentación sobre todos los miembros, muy numerosos, con que contaba en Japón; el trasiego entre la sede central y las locales era constante. Poseían un espléndido edificio erigido en un amplio terreno, con su propia imprenta para editar panfletos, salas de reuniones y alojamiento para los devotos que acudían de todos los rincones del país. Sin duda, toda la información se custodiaba allí.
Por otra parte, quería documentación del gimnasio en que Aomame había trabajado. Exactamente, ¿qué clase de servicios prestaba, y a quién y cuándo impartía clases? Quizás esos datos no estuvieran guardados con tanto celo como los de la Asociación de los Testigos. De todos modos, si les dijera: «¿Serían tan amables de dejarme ver el expediente de su empleada Aomame?», no se lo enseñarían de buen grado. "



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