El rey de la montaña (fragmento)Emilio Salgari

El rey de la montaña (fragmento)

"Contrariamente a las costumbres de otros sha, que se casan con cuatro mujeres y que en su palacio tienen a centenares de esclavos, joven todavía, se había casado con una sola mujer, la hija del valiente khan de Samarcanda, hermosa, rubia como tu Fátima, con los ojos negros, los rasgos delicados, un amor de muchacha, una perla que constituía el orgullo de la corte de Teherán; y de su unión, naciste tú. Persia, entre tanto, andaba muy revuelta; los pretendientes luchaban entre sí por todas partes y tu padre, a pesar de tantas victorias conseguidas y del amor de sus soldados y de su pueblo, no estaba seguro. Temiendo que un día fuese asaltado en Teherán por el feroz Mehemet, que le disputaba tenazmente el poder con un ejército numeroso, te dejó a mi cuidado, y yo te conduje a este castillo, en donde creciste ignorando siempre de quién eres hijo. Así lo había dictaminado tu padre para sustraerte a la crueldad de Mehemet. Tu madre tenía un tío, el príncipe Ibrahim, un ambicioso que aspiraba a llegar a ser poderoso. Sabiendo a qué precio habría pagado Mehemet una traición que le cerrase el camino al trono de Persia, éste conjuró contra tu padre y cayó una noche sobre Teherán, despertando a la población con el fragor de la artillería. Parte de las tropas, corrompidas con el oro, habían abrazado la causa de Mehemet y del traidor, y habían penetrado inesperadamente en la capital. No olvidaré jamás aquella noche tremenda, aunque viviese cien años. Se habían juntado aquel día en el palacio real la hermana de tu madre y su esposo, el khan de Irak-Adje-mi, llevando con ella a su hija, una niña rubia de pocos meses, con los ojos negros, bella como el corazón de una rosa.
[...]
Los matrimonios persas son tan singulares, que merecen que nos detengamos un momento en ellos.
Tanto si el pueblo es mahometano o turco, puesto que no hay entre sus religiones más que ligeras diferencias, sin embargo el adge (que así se llama la ceremonia del matrimonio) es muy distinta de la de los musulmanes de Europa y del Asia Menor.
El amor sólo cuenta en muy raras ocasiones. Los padres, en general dos amigos, se entienden entre ellos, tratan de la dote que deben asignar a los hijos y, cuando han llegado a un acuerdo, determinan el día para el adge. De esta manera, ocurre a menudo que los esposos se unen sin haberse visto jamás, porque los persas no toleran que los jóvenes hablen o vean a sus hijas.
Determinado el día, el padre de él y el de ella anuncian a los parientes y a los amigos que tienen que tomar parte en la fiesta, que suele durar media semana e incluso una semana entera.
El primer día está destinado a recibir a los amigos y a los parientes. El padre del esposo convoca a su casa a unos cuantos músicos y bailarines, invita luego a las personas que deben tomar parte en el adge, los cuales intercambian saludos, mientras les son servidos helados y dulces. Se charla, se oye música, se baila, se come y se bebe, y esta primera fiesta se alarga hasta muy tarde.
El segundo día, hacia el atardecer, los músicos van solemnemente, seguidos por los siervos de la esposa portando antorchas, a casa del esposo, al que ofrecen el henné, especie de polvos amarillentos, muy usados por los persas y que sirven para teñirse las manos y los pies de un amarillo oscuro.
El tercer día, el esposo se dirige al baño, acompañado de dos parientes o amigos, que tienen que ayudarlo, y que por esta razón reciben los nombres de «mano derecha» uno, y de «mano izquierda» el otro; el esposo se viste el vestido nuevo que le ha regalado la esposa y es conducido de nuevo a su casa acompañado por una legión de músicos. El mismo baño hace la prometida, que es acompañada a su casa por un séquito parecido. "



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