Imaginaciones horribles (fragmento)Fritz Leiber

Imaginaciones horribles (fragmento)

"En otras ocasiones se decía que no debía tener ningún temor a que la descubrieran, la sorprendieran, la desenmascararan, que las demás personas que deambulaban por el árbol de apartamentos la considerasen una intrusa, porque era invisible para ellos, o para casi todos. La prueba de esto (ante sus propios ojos era tan evidente que le pasaba desapercibida) era sencillamente que ninguno se fijaba en ella, ni siquiera le mostraban las pequeñas cortesías que practicaban entre ellos, como sujetar la puerta del ascensor para que entrara. ¡Tenía que hacerse a un lado para ellos, y no a la inversa!
Esta especulación sobre su invisibilidad le condujo a otro horror especial. Supongamos que, en sus esfuerzos por descubrir su edad, alguna vez lograba quitarse los guantes y no descubría las suaves manos de una joven, ni tampoco las manos resecas y surcadas de venas de una anciana. No encontraba nada en absoluto. ¿Y si conseguía abrirse el abrigo y al mirar, con el mentón hacia adentro, lo único que veía era el forro de la prenda? ¿Y si miraba en un espejo y no veía nada, excepto la pared detrás de ella, o sólo otro espejo con reflejos de reflejos que se remontarían al infinito?
¿Y si fuera un fantasma? Aunque había ocurrido mucho tiempo atrás, o así se lo parecía, creía recordar el frío vértigo que le produjo ese pensamiento la primera vez que lo tuvo. Encajaba con su situación. Los fantasmas rondaban un lugar y aparecían y desaparecían a tontas y a locas, e incluso eran visibles para unas pocas personas sensibles. No conocía ninguna historia de fantasmas contada desde el lado del fantasma; lo que pensaban y sentían, en qué medida comprendían y si sabían lo que eran (fantasmas) y lo que hacían (aparecerse).
(E incluso había habido las pocas personas sensibles que habían parecido verla -y ella les había devuelto la mirada con coquetería-. Pero no le gustaba recordar esos episodios porque le asustaban y le hacían sentirse estúpida -¿por qué había corrido el riesgo de coquetear? – , y, al final, empañaban su mente. Hubo un muchachote gordo – ¿qué habría visto en él?-, y antes un anciano amable, y antes… No, desde luego que no, ¡no tenía que retroceder tanto en el recuerdo, nadie podía obligarla a hacerlo!)
Pero ahora la idea de que podría ser un fantasma se había convertido en una más de sus fantasías familiares, que regresaba a su mente, de vez en cuando, con la regularidad de un reloj y con algo, poco, de la conmoción que la idea le había producido inicialmente. «Parte de mi repertorio», se decía a modo de broma. (¡Dios sabe cómo habría logrado soportar su existencia si las cosas no le parecieran graciosas de vez en cuando!)
Pero la mayor parte de las veces no eran tan graciosas. Una y otra vez volvía a la que parecía ser la cuestión principal: ¿cuánto había durado su vida consciente, la que tenía ahora? Y, en momentos en que no la asediaba el pánico, la única respuesta que obtenía era que no lo sabía.
Podían ser meses o años, el tiempo suficiente para que, aunque no les mirase a la cara, conociera a los inquilinos del árbol de apartamentos por sus ropas y sus movimientos, por las pequeñas cosas que se decían unos a otros, por su manera de andar y sus expresiones favoritas. Llegaba a conocerlos lo bastante bien para poder reconocerlos cuando se cambiaban de ropa, se ponían zapatos nuevos, andaban más despacio o empezaban a usar bastón. En ocasiones, aparecían inquilinos nuevos y, poco a poco, se convertían en nuevos conocidos. Más tarde, estos viejos conocidos podían desaparecer, se mudaban o fallecían. ¿Acaso llevaba décadas allí? Recordó un relato de horror en el que una mujer joven y hermosa despierta de un estado de coma para encontrarse moribunda a causa de su edad. ¿Le ocurriría eso cuando por fin se mirase en el espejo?. "



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