La gente de July (fragmento)Nadine Gordimer

La gente de July (fragmento)

"La mujer blanca no entendía que iban a cortar hierba, no a recoger hojas para cocer. Las siguió y señaló la hoz de la vieja, negra plateada, lisa como la lengua de una serpiente, con tiras de cuero entrelazadas en tomo al mango. La había bajado de la oscuridad de la cabaña especial donde se guardaban el yugo de madera y las cadenas del arado de los bueyes. Martha llevaba su joroba con el bebé de un año a la espalda y sobre la cabeza una jofaina de esmalte con un pequeño machete, pap frío envuelto en un trapo y una antigua botella de zumo de naranja llena de una pálida mezcla de agua, leche en polvo y té. Formó para la mujer blanca las pocas palabras en afrikaans que pudo encontrar; éstas incluían una jerga donde cabía todo, traída desde las minas y las ciudades por hombres del poblado que eran la cuadrilla de trabajadores de los capataces blancos escasamente instruidos. Dingus, que significaba cosa, cómo se llama.
—Vir die huis. Daardie dingus.
Sus manos estaban libres, su cabeza se irguió bajo su pesada corona, levantó los codos e imitó el declive de un tejado. La vieja había cerrado a medidas los descoloridos ojos y gruñó una grave y amistosa afirmación. Mientras su nuera intentaba responder a las preguntas de aquella mujer blanca a la que tenían que enseñar la diferencia entre una planta que hasta una vaca sabía que no debía masticar y las hojas que darían fuerza a sus hijos, la vieja tuvo oportunidad de observarla de cerca de forma satisfactoria, analítica, lo cual no solía poder hacer ya que la mujer se disfrazaba intentando con sus gestos y sus sonrisas demostrarle respeto, etc., como pensaba que hacían los negros. July le había dicho una y cien veces a su madre que la mujer blanca era diferente en su casa. Hablaba de aquel lugar que tenía una habitación de porcelana blanca para hacer las necesidades, hasta él tenía una en el jardín. Ella nunca había trabajado para los blancos: sólo en grupos deshierbando en las granjas y allá en el campo no le decían adónde tenía que ir a hacerlas. ¡No le iban a decir eso los blancos!
La hierba tenía la altura adecuada, el tiempo no era demasiado húmedo ni demasiado cálido y seco: perfecto para cortar la hierba de bálago y ella, que conocía los mejores lugares para los materiales que empleaba en sus escobas y en sus techos, iba a un terreno río arriba que llevaba semanas vigilando. Sonrió con el labio fruncido sobre sus encías vacías y la señaló con el dedo índice como si quisiera punzar a la mujer blanca: Usted; sí, usted.
Pero la mujer no entendía que ella quería decir que la hierba era para poner bálago en la casa que le había quitado. Martha hizo reproches a su suegra en su lenguaje; sin embargo, era verdad; de todas maneras podía decir lo que le diera la gana porque la mujer no entendía nada. La pobrecita, la nhwanyana (la madre de July utilizaba el término mi señora que le había llegado, vinculado a cualquier rostro de hembra blanca, desde las conquistas del pasado), la mujer blanca sonreía para demostrar que había entendido la broma, fuera lo que fuera lo que imaginaba… Tienen dinero, déjalos que se vayan con sus parientes, con los otros blancos, si tienen problemas; la vieja hablaba mientras el grupito iba por el bush. Si su nuera no le escuchaba o se negaba a hacerlo, las palabras se convertirían en un simple estribillo. "



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