La señorita está loca: la vida sigue (fragmento)Felipe Sassone

La señorita está loca: la vida sigue (fragmento)

"Viperino.- Ya, ya; pero negocios de hombre, jugándote tu piel.
Daniel.-Eso sí, ya sabes que toda mi vida ha sido una lucha continua. Yo no me resigné a ser un marqués arruinado y me lancé, emigré. Esa bendita América, las dos Américas, tienen en sus tierras más llanto de mis ojos y más sudor de mi frente... En la pampa argentina, en los ingenios de azúcar del Perú, en las selvas, en los gomales y en los yacimientos de caucho, al otro lado del Amazonas, luchando con todo, con el clima, con los bichos, con los indios salvajes, peores que los bichos y que el clima. Y ahora, en el mar, negociante, capitán y piloto, todo en una pieza. Pirata, como tú has dicho, en medio de esa red de submarinos, alevosos y terribles, más terribles que los bichos y que los salvajes, créeme a mí. ¡Ay! Y ahora, rico... cuando la justicia social empieza a decirnos que la riqueza es un pecado.
Viperino.- Calla, calla. Si hubieras oído a tu madre hace un momento no pensarías así. Más contenta la buena señora al ver que el castillo es suyo, que las tierras son suyas, que tú lo has recobrado todo para ella,
Daniel.- (Levantándose.) ¡Pobrecilla! (Ofreciendo un cigarro a don Viperino.) ¿Quieres?
Viperino.- Trae, gracias. Pues yo he venido siempre durante tu ausencia. No aquí, claro, a la casa de Madrid. Sobre todo desde que enviaste a tu mujer.
Daniel.- Comprenderás que Adriana no podía viajar siempre conmigo. Es lo único que me ha hecho arrepentirme alguna vez de haberme casado, tener que dejármela.
Viperino.- ¿Estás celoso?
Daniel.- Quién sabe.
Viperino.- Ella te echaba mucho de menos; pero aquí, con tu madre, con su hermana y con su sobrinita lo pasa bien. No hacían más que hablar de ti, Mariquita sobre todo. ¡Te quiere más esa chica! Siempre me decía: "El juguetón no me escribe más que postales; yo quiero una carta larga, larga, como las que le escribe a su mujer.... ¡Chiquilla más afectuosa y más ingenua!
Daniel.- (Preocupado.) Demasiado ingenua.
Viperino.- Pues ahora se casa, ya lo sabrás.
Daniel.- Sí.
Viperino.- En secreto, a mí el novio no me convence ni poco ni mucho. Parece un tarambana... un ¡ea!, lo digo, un fresco. ¿Verdad? (Daniel se encoge de hombros.) Claro está que entre los amigos de la casa poco hay donde escoger. Entre el Vizconde y ese Jacinto Labial, más vale aquél. "



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