Los desgraciados (fragmento)Enrique Pérez Escrich

Los desgraciados (fragmento)

"Fue preciso conducirle á su camarote, y entonces don Cándido tomó el mando de la fragata.
Nadie á bordo se había atrevido á disputarle el mando: el contramaestre, el piloto y toda la tripulación habían comprendido el valor, la serenidad y el conocimiento del improvisado capitán, y obedecían sus órdenes ciegamente.
Al quinto día don Cándido, que no había dormido ni descansado una sola hora, comenzó á frotarse las manos y á bostezar,
—Muchachos, ¡reanimad el espíritu!—, les dijo á los tripulantes. —El baile terminará muy en breve. Esta noche habrá ron en abundancia, y doble ración de rancho.
Desde este momento las nubes comenzaron á disiparse, apareció el sol como avergonzado entre los rotos celajes,
y el mar fué poco á poco tranquilizando su terrible furia.
La Joven Cecilia se había salvado, venciendo en la lucha con los elementos. Don Cándido adquirió con aquella tempestad la fama de gran marino.
Á la caída de la tarde el peligro había desaparecido. Don Cándido entregó el mando al contramaestre y bajó á su camarote.
Estaba muerto de hambre y sueño. Comió, bebió, y se acostó en su catre. Dos minutos después dormía profundamente.
El sueño de don Cándido duró veinticuatro horas.
Todos esperaban que se levantara para darle las gracias, incluso el capitán, que con la cabeza vendada se paseaba por el alcázar de popa hablando con algunos pasajeros.
Por fin, seguido de Luciano, se presentó en la escotilla del salón de popa. Don Cándido, modesto, risueño, inofensivo como en los primeros días de navegación, recibió las enhorabuenas y los apretones de manos sin mostrarse engreído.
—El peligro ha sido grande, señores; pero todos mis conocimientos náuticos y mi práctica de nada hubieran servido á no ser la Joven Cecilia un buen buque, —dijo don Cándido. — ¡Ahí Debe usted estar satisfecho, capitán, de mandar tan linda fragata!
—Que usted, con su serenidad é inteligencia, ha salvado de un naufragio desastroso, señor don Cándido, —repuso el capitán.
— ¡Bah! No hablemos mas de eso; ya que el tiempo es bueno y el viento favorable, ganemos lo perdido, y olvidemos lo pasado. "



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