Huella de almas (fragmento)Francisco Acebal

Huella de almas (fragmento)

"EL tiempo, que nos figuramos como algo que corre, sujeto a una medida acompasada, se desliza ante nosotros fugaz ó lento según abrimos más o menos el regulador de la marcha, manipulando a derecha ó izquierda con la llave de la felicidad.
Así se comprende que la noche del velatorio, que en el orden sideral fue como cualquier noche, en casa de las Bustamantes, las de la calle del Requejo, para unos fue corta, para otros fue larga. A Sergio le pareció que con cuatro paseítos desde la antesala a la sala y viceversa, se había ido la noche de entre las manos, ó mejor de entre los pies. Los descansos más largos los hacía en la sala, que estaba muy fresca, con los balcones abiertos. Miraba a la puerta del testero, de acceso al gabinete; aguzaba el oído, y vuelta otra vez a la antesala, corriéndose en ocasiones hasta el comedor, en donde Francisco cabeceaba soñoliento. Los gatitos también andaban, como él, de aquí para allá, con su marcha sigilosa y pausada; tan pronto los veía en una habitación como en otra, restregándose contra Sergio cuando por el pasillo cruzaban con él. Estaban desorientados los animalitos; parecían invadidos del desasosiego de todos al ver perturbada su vida regular; no acertaban a dormirse, sin duda por nostalgia de caricias en los lomos; de cuando en cuando desahogaban su aburrimiento en un miau largo y tristón. Pero no insistían; su instinto de domesticidad les dictaba en aquella ocasión calma y sosiego.
Este, en la casa era profundo; desde la sala se oía el reloj de péndulo del comedor. Detrás de la puerta del gabinete, las señoras debían dormitar porque no se oía el rumor más leve. "



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