Más fuego, más viento (fragmento)Susanna Tamaro

Más fuego, más viento (fragmento)

"La idea que me expones en tu última carta me parece óptima. Quieres intentar entrar en la escuela de fisioterapia porque, como dices, tengo claro que prefiero ocuparme de seres humanos antes que de cuentas corrientes. Es un gran paso adelante, ¿no crees? Al principio sabías sólo lo que no querías hacer: utilizar tu licenciatura de Economía. Ahora sabes lo que quieres: ocuparte de las personas que sufren.
Tengo varios amigos fisioterapeutas y me parece un trabajo muy interesante: conocer el cuerpo, escucharlo, para lograr vencer el dolor. Creo que es un campo adecuado para los curiosos como tú, porque seguro que hay muchas cosas por descubrir sobre la enigmática relación entre alma y cuerpo. El desarrollo de nuestra civilización no ha favorecido este tipo de conocimiento.
El «pienso, luego existo» de cartesiana memoria ha sido una piedra angular en la negación de la totalidad del hombre. Existe la cabeza y el resto es sólo un molesto apéndice. Lo podemos ver todos los días en las salas de espera de los consultorios médicos, en los autobuses, por la calle, donde estamos rodeados de cuerpos jóvenes y ya extraños a sí mismos.
Qué error creer que nuestro pensamiento sea capaz de descifrar la realidad, de hacerla inteligible, de justificarla. Podemos dar definiciones, naturalmente, y éstas pueden llegar a ser nuestra idea de la vida. Pero nunca serán la vida, jamás abrazaremos su misteriosa, fascinante y dolorosa totalidad.
Como ves, para tomar una decisión has tenido que dejar pasar tiempo y puede que tenga que pasar mucho más antes de que tu deseo se vuelva realidad. Es difícil, hoy en día, no dejarse atrapar por la fiebre malsana de la prisa. Todos tienen prisa, corren, como si los persiguiera una manada de hienas salvajes.
Pero ¿a qué responde esta continua fuga? Es miedo, impaciencia, no querer ponerse a la escucha. Antes que afrontar el vacío, huyo. Con tal de no hacerle frente al silencio, salto. Para no detenerme y tratar de comprender cuál es el camino justo, cojo el primero que encuentro. ¿Hacia dónde va? ¡No importa! Lo que importa es moverse, no dejarse atrapar por el desaliento de no estar en ninguna parte.
Huyo de la gran oscuridad, de la plaga del color de la tinta que se extiende más allá de los días. Huyo de la enorme pregunta que hace la muerte a quien se detiene. ¿Tiene sentido todo esto o el existir es sólo la sombra de un sueño, el delirio de una mente loca? «Siéntate y aguarda», escribe la abuela a su nieta en la página final de Donde el corazón te lleve. «Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún.»
Como una planta, que para crecer vigorosa requiere la cantidad adecuada de luz y de agua, la vida interior, para proceder en la verdad, necesita inmovilidad y paciencia. Una decisión tomada con prisas, muy pronto, estará atada de pies y manos. Una respuesta aferrada entre el montón es distinta de una escogida después de haber descartado muchas, porque nuestra mente, contrariamente a lo que se cree, no es fuente de verdad sino de confusión.
Para empezar a entenderlo no tienes más que intentar interrogar tus pensamientos. ¿De dónde vienes? ¿Quién eres? ¿Adónde me quieres llevar? Verás que uno tras otro se desinflarán como un soufflé recién sacado del horno. Uno venía del miedo, otro de la envidia, el tercero era el deseo de revancha. Bajo interrogatorio, mostrarán la ambigüedad de su rostro.
Y cuando ante tus ojos aparezca la verdad en su perfecta definición intelectual, rózala con un dedo y hazla reventar como una pompa de jabón, porque la verdad es esplendor y no definición. Y su fuerza no es la comprensión, sino la amorosa energía que el espíritu libera. "



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