Ensayo histórico sobre los retratos de hombres célebres del siglo XIII al XVIII (fragmento)Valentín Carderera

Ensayo histórico sobre los retratos de hombres célebres del siglo XIII al XVIII (fragmento)

"Téngase presente el grande abuso que de la palabra retrato hacían nuestros antiguos cronistas y escritores sagrados, que aplicaban este nombre á todas las imágenes de los Santos, de los Patriarcas y de los Profetas.
De varios retratos del mismo San Fernando venerados en Sevilla y creídos por tales, quizá pudiéramos decir otro tanto, aunque sea cierto que en aquel período de su glorioso reinado, en que brilló un ligero rayo de civilización y de cultura, pudiera existir algún artista nacional, italiano ó bizantino que lo hubiese retratado. Alonso Núñez de Castro dice que aquel noble campeón de la fe y de la patria no consintió que se pusiera su estatua sobre su sepulcro. Empero esto no sería un obstáculo á sus hijos, ni á los prelados é ilustres guerreros que le acompañaron en su conquista, para dejarnos su semblante ni su figura, representada con toda la majestad real. La pintura que veneran las monjas de San Clemente de Sevilla, en que el Santo está sentado en un trono, acompañado de dos heraldos, podría reputarse por lo menos copia de retrato coetáneo, hecho con más gusto y pulidez; pues el corte de aquellas ropas rozagantes, la forma del trono, de la corona y de otros accesorios concuerdan con los de la época. No así los que ejecutó el gran Murillo, que los vistió con trajes no usados hasta el siglo XV y XVI. Así, pues, no se maravillen ni escandalicen de nuestro aserto los sabios e instruidos literatos y bibliófilos que han visto en el códice vigiliano ejecutados en el año 976 los llamados retratos de D. Sancho el Craso, el de D. Ramiro de Navarra, el de Doña Urraca y el del mismo sacerdote Vigila que ejecutó este códice, ayudado de los iluminadores García y Sarracino. Ni aun los que hayan visto la Biblia que mandó pintar Alfonso el Sabio á Pedro de Pamplona; ni los retratos en otras portadas para D. Sancho el V, pintados por Rodrigo Esteban, ni otros infinitos en varios códices ejecutados hasta muy adelantado el siglo XV. Porque no son todos éstos más que meras imágenes y representaciones; muchas son caricaturas, que si bien son interesantísimas y curiosas en extremo para el conocimiento de los trajes y de las usanzas de aquella edad, de ningún modo reproducen las formas ni fisonomías de aquellos personajes; y así, de manera alguna merecen el nombre de retratos. "



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