Las raíces del romanticismo (fragmento)Isaiah Berlin

Las raíces del romanticismo (fragmento)

"Deseamos expresar algo inexpresable pero debemos hacer uno de la expresión. Deseamos expresar, tal vez, algo del inconsciente pero debemos hacer uso de medios conscientes. Sabemos, con anticipación, que no tendremos éxito porque no podemos tenerlo; y, por tanto, que todo lo que conseguiremos es aproximarnos a ello más y más, aunque de modo asintótico. Hacemos cuanto podemos, pero se trata de una lucha agonizante en la cual, si somos artistas o, como para los románticos alemanes, pensadores con conciencia, estamos empeñados de por vida.
Esto es algo que tiene relación con la noción de profundidad. Es raramente tratada por los filósofos. Sin embargo, es un concepto perfectamente susceptible de serlo, y, en efecto, es una de las categorías más importantes que utilizamos. Cuando decimos que una obra es profunda, más allá de la obvia carga metafórica de las expresión, que supongo proviene de los pozos, que son hondos y profundos; cuando decimos de alguien que es un escritor profundo, o que una pintura o una pieza musical es profunda, no resulta muy claro lo que queremos decir pero, seguramente, no reemplazaríamos ese término por otro como, por ejemplo, "hermoso", o "importante", o "creado de acuerdo a sus reglas", o más aún, "inmortal". Cuando decimos que Pascal es más profundo que Descartes (aunque sin duda Descartes fue un genio); o que Dostoievsky, que puede o no ser de mi agrado, es un escritor más profundo que Tolstoi, a quien prefiero; o que Kafka es un escritor más profundo que Hemingway; ¿qué intento decir, exacta e infructuosamente, mediante el uso de esta metáfora de la que me valgo debido a que carezco de mejores medios de expresión? Según los románticos -y ésta es una de sus principales contribuciones al pensamiento en general-, lo que queremos expresar por profundidad, aunque no utilizan esa terminología en sus discusiones, es lo inagotable, lo inabarcable. En el caso de obras de arte que son bellas aunque no profundas, o incluso en el de la ficción o de la filosofía, es posible describirlas de modo perfectamente literal y lúcido. En el caso de una pieza musical del siglo XVIII, digamos una pieza bien compuesta, melódica y agradable, y tal vez también genial, es posible explicar las razones por las que es así, y, aún más, por qué nos produce el placer que nos da. Podemos decir que los seres humanos sienten un placer particular al escuchar ciertos tipos de armonías. Tal vez pueda describirse con gran minuciosidad, gracias a una importante variedad de artilugios introspectivos. Si describimos maravillosamente bien -si somos un Proust, o un Tolstoi, o si somos psicólogos descriptivos con buena formación-, tal vez podamos ofrecer una equivalencia verbal del estado emocional en el que nos encontramos al escuchar una pieza musical, o al leer un fragmento de ficción; una equivalencia suficientemente parecida a lo que en efecto estamos sintiendo o pensando en ese momento particular, que sea la traducción en prosa de lo que está ocurriendo en ese momento; una traducción científica, verdadera, objetiva, verificable y demás. "



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