La ignorancia (fragmento)Milan Kundera

La ignorancia (fragmento)

"Tampoco la memoria es comprensible sin un acercamiento matemático. El dato fundamental radica en la relación numérica entre el tiempo de la vida vivida y el tiempo de la vida almacenada en la memoria. Nunca hemos intentado calcular esta relación y, por otra parte, no disponemos de ningún medio técnico para hacerlo; no obstante, sin grandes riesgos de equivocarme, puedo suponer que la memoria no conserva sino una millonésima, una milmillonésima, o sea una parcela muy ínfima, de la vida vivida. Esto también forma parte de la esencia misma del hombre. Si alguien pudiera conservar en su memoria todo lo que ha vivido, si pudiera evocar cuando quisiera cualquier fragmento de su pasado, no tendría nada que ver con un ser humano: ni sus amores, ni sus amistades, ni sus odios, ni su facultad de perdonar o de vengarse se parecerían a los nuestros.
Nunca nos cansaremos de criticar a quienes deforman el pasado, lo reescriben, lo falsifican, exageran la importancia de un acontecimiento o callan otro; estas críticas están justificadas (no pueden no estarlo), pero carecen de importancia si no van precedidas de una crítica más elemental: la crítica de la memoria humana como tal. Porque, la pobre, ¿qué puede hacer ella realmente? Del pasado sólo es capaz de retener una miserable pequeña parcela, sin que nadie sepa por qué exactamente ésa y no otra, pues esa elección se formula misteriosamente en cada uno de nosotros ajena a nuestra voluntad y nuestros intereses. No comprenderemos nada de la vida humana si persistimos en escamotear la primera de todas las evidencias: una realidad, tal cual era, ya no es; su restitución es imposible.
Incluso los más abundantes archivos se muestran impotentes. Consideremos el antiguo diario de Josef como una pieza de archivo que conserva las notas del auténtico testigo de un pasado; las notas hablan de hechos que el autor no tiene motivos para negar, pero que tampoco puede confirmar su memoria. De todo lo que cuenta el diario, un único detalle ha iluminado un recuerdo nítido y sin duda preciso: se vio en el sendero de un bosque contándole a una estudiante de bachillerato la mentira de su traslado a Praga; esta pequeña escena, en rigor esta sombra de escena (ya que no recuerda más que el sentido general de su comentario y el hecho de haber mentido), es la única parcela de vida que, adormilada, permaneció en su memoria. Pero quedó aislada de lo que la precedió y de lo que la siguió: ¿debido a qué comentario, a qué acto, la estudiante de bachillerato le incitó a inventarse ese embuste? Y ¿qué ocurrió después? ¿Cuánto tiempo persistió él en su engaño? Y ¿cómo se salió de él?
Si quisiera contar este recuerdo como una pequeña anécdota con pies y cabeza, se vería obligado a insertar otros acontecimientos en esta secuencia causal, otros actos y otras palabras; pero, como los ha olvidado, no le quedaría más remedio que inventarlos; lo cual, por otra parte, hizo espontáneamente para sí mismo cuando aún estaba inclinado sobre las páginas del diario:
al mocoso le sacaba de quicio no encontrar señal alguna de éxtasis en el amor de su chica; cuando le tocaba el culo, ella le quitaba la mano; para castigarla, le había dicho que se trasladaba a Praga; llena de tristeza, ella se había dejado meter mano y había declarado que comprendía a los poetas que siguen siendo fieles hasta la muerte; de modo que todo le salió a pedir de boca, sólo que, después de una o dos semanas, la chica había deducido que, en vista de que su amigo quería trasladarse, más le valía reemplazarlo a tiempo por otro; empezó a buscarlo, el mocoso lo adivinó y no pudo contener los celos; con el pretexto de una estancia en la montaña adonde ella debía ir sin él, le montó aquella escena de histerismo; él se puso en ridículo; ella lo dejó.
Aunque hubiera querido acercarse lo más posible a la verdad, Josef no podía pretender que su anécdota fuera idéntica a lo que realmente había vivido; sabía que se trataba tan sólo de un poco de verosimilitud para encubrir lo que había quedado en el olvido.
Me imagino la emoción de dos seres que vuelven a verse después de muchos años. En otros tiempos, se han frecuentado y creen, por lo tanto, que están vinculados por la misma experiencia, por los mismos recuerdos. ¿Los mismos recuerdos? Ahí precisamente empieza el malentendido: no tienen los mismos recuerdos; los dos conservan del pasado dos o tres situaciones breves, pero cada uno las suyas; sus recuerdos no se parecen; no se encuentran; incluso cuantitativamente no pueden compararse: el uno se acuerda del otro más de lo que éste se acuerda de él; primero, porque la capacidad de memoria difiere de un individuo a otro (lo cual aún sería una respuesta aceptable para cada uno de ellos), pero también (y eso cuesta más admitirlo) porque la importancia de uno para el otro no es la misma. Cuando Irena vio a Josef en el aeropuerto, recordaba cada detalle de su aventura pasada; Josef no recuerda nada. Desde el primer instante, su encuentro quedó marcado por una injusta e indignante desigualdad. "



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