El superzorro (fragmento)Roald Dahl

El superzorro (fragmento)

"Con sumo cuidado, don Zorro volvió a colocar los ladrillos en su sitio.
El agujero quedó perfectamente tapiado. Mientras concluía su trabajo, le comentaba a don Tejón:
«¡Esa rata es una bribona! La próxima vez que vuelva por aquí, le daré un buen escarmiento.»
«Todas son iguales», le confesó su amigo. «Mira zorrete, yo he visto mucho mundo; bueno, pues jamás me he encontrado con una rata con modales ni buena educación.»
«Lo que le pasa es que bebe demasiado... todo el día chupando sidra es capaz de marear a cualquiera», repuso el zorro. Y colocando el último ladrillo en su sitio, exclamó: «Bien, muchachos, misión cumplida. Ahora, ¡todos a casa!»
En fila india, don Zorro, zorrito y tejón corrían por el túnel, empujando las garrafas de sidra. Pronto dejaron a su derecha la desviación que conducía al almacén de Buñuelo... y, más adelante, la que llevaba al supergallinero de Bufón. Pero sólo se detuvieron al llegar a la cuesta final, la que habría de conducirles a su guarida.
«¡Ánimo, muchachos!», dijo don Zorro, recobrando el aliento. «¡Ya estamos llegando! ¡Figuraos la que nos espera al final de esta cuesta! ¡Ya veréis qué cara ponen al vernos con tanta sidra!»
El zorro estaba tan contento, que improvisó una pequeña canción:
«¡Al hogar, al hogar, regresar, y a mi dulce zorrita besar! Le traigo alegría y buena compañía, y una jarra de sidra sin par!» Para no ser menos, don Tejón le contestó:
«¡Mi pobre, mi dulce tejona simpática, bella, dulzona... su panza hambrienta por poco revienta... después de una gran comilona!» Y los dos amigos habrían continuado cantando toda la noche de no haberse topado, al doblar la última revuelta del túnel, con el festín que les había preparado doña Zorra. Aquello era para verlo y no creerlo. Alrededor de una gran mesa de nogal se habían congregado hasta veintinueve animales, con tres platos reservados para los recién llegados. He aquí la lista de todos los comensales:

Doña Zorra y tres zorritos.
Doña Tejona y tres tejoncitos.
Don Topo, su señora y cuatro topitos.
Don Conejo y señora, cinco conejitos.
Don Comadreja y señora, seis comadrejitas.

La mesa estaba bien surtida de pollos y patos, de jamón y de tocino, de dulces y tartas... en fin, de una comida tan exquisita que a los recién llegados se les hacía la boca agua.
«¡Cariño, cariñito!», gritaba doña Zorra al ver a su marido. Y dándole un beso, le dijo: «Amor, ¡teníamos tanta hambre que hemos comenzado sin vosotros! ¿No te importa, verdad, cielo?»
Al zorro, claro está, no le importaba, y no hacía más que repartir besos, abrazos y palmadas entre todos los comensales. Finalmente, cogió las garrafas de sidra y, entre gritos de «¡bravo!» y «es un muchacho excelente», las puso en el centro de la gran mesa.
«¡Y ahora, a comer todo el mundo!», gritó don Zorro. "



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