Los Sorias (fragmento)Alberto Laiseca

Los Sorias (fragmento)

"Monitor y su amigo el Barbudo se colocaron sobre cierto rectángulo que hallábase en un rincón de la habitación monitorial. Monitor se agachó y apretó el resorte secreto; así, ambos se hundieron cien metros hasta llegar a la boca del túnel que conducía, entre otros muchos lados, al «jardín de los Monstruos». Se detuvo sobre enormes dispositivos elásticos. Luego de un momento de inmovilidad absoluta, lentamente, pero cada vez a mayor velocidad, el rectángulo comenzó a marchar por una bifurcación del túnel maestro. Después de un viaje de siete kilómetros, entró en movimiento uniformemente retardado hasta detenerse por completo. Por fin, hacia arriba. Segundos después, Monitor y Barbudo salieron del rectángulo, que ahora: constituía una enorme losa más en el pavimento ajedrezado de su casa de descanso, en el «Jardín de los Monstruos», situado en las afueras de Monitoria, Tecnocracia Central.
Recorrieron largos pasillos con techos de cristal, a través de los cuales se distinguían acuarios iluminados llenos de pulpos. Los pasadizos desembocaban a veces en solarios con plantas tropicales; contenían, entre otras cosas, todas las variedades de plantas carnívoras; muchos de estos ejemplares, obtenidos por mutación. Por todas partes surgían soldados. Al pasar el Monitor, saludaban rápida y rígidamente.
Jefe de Estado y Barbudo salieron. Mucho sol y plantas. Por entre la floresta se abrían varios caminos que, como en un laberinto de pasadizos, iban todos a parar al mismo sitio. Cada tanto, la espesura se despejaba en claros con terrazas de piedra, estatuas, surtidores, altares a Dioses desconocidos y esfinges. Monitor condujo al amigo por una avenida de colosos sentados, que desembocaba en una suerte de anfiteatro natural. El Monstruo enseñó al otro cuatro cosas que a la distancia parecían estatuas con guitarritas. Estaban clavadas en una especie de tarima de escenario de treinta centímetros de alto, tres metros de largo y cuatro de ancho. Al acercarse más, Barbudo comprobó con asombro que se trataba de tipos embalsamados, que portaban guitarras eléctricas chiquititas, baterías diminutas, etc. Como si fuese un conjunto beat. La mano pesada del rock. Toda la cúbica, loco. Habían clavado sus pies a la madera para que no se cayeran. Tenían las bocas abiertas en crispaciones que mostraban dientes amarillentos bajo sus ojos de vidrio. "



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