La encantadora de Florencia (fragmento)Salman Rushdie

La encantadora de Florencia (fragmento)

"El segundo juicio contra el individuo con tres nombres se desarrolló en el Jardín de Hiran. Había sido capricho del emperador ponerle a su elefante preferido el nombre de hiran, «ciervo», y tal vez por eso, después de muchos años de noble servicio, el pobre animal se trastocó y tuvo que ser recluido, porque los nombres tenían poder, y cuando no se correspondían con aquello que designaban, adquirían una fuerza malévola. Ni siquiera cuando el elefante perdió la razón (y luego la vista), el emperador consintió en sacrificarlo. Lo conservaron y cuidaron en un lugar de honor, una cuadra especial con las paredes acolchadas para impedir que se lastimase en sus arranques de ira, y de vez en cuando lo sacaban, al arbitrio del emperador, para actuar en una doble función: como juez y verdugo.
Bien estaba que a un individuo que había falseado su nombre lo juzgase un elefante conducido a la demencia por el nombre que le habían puesto caprichosamente. Hiran, el elefante loco y ciego, se encontraba en el jardín del juicio y una gruesa soga enhebrada en el agujero de una roca enterrada en la hierba le impedía echarse a correr sin control. Barritaba y bramaba y coceaba y en su cabeza los colmillos refulgían como espadas. La corte se reunió para presenciar cómo acababa el hombre de los tres nombres, y también se dio acceso al público, con lo que fueron muchos los que asistieron al milagro. El hombre ya no llevaba las manos atadas a la espalda, aunque el propósito de su renovada libertad no era salvarlo, sino permitirle morir con mayor dignidad que un bulto. Pero él tendió la mano hacia el elefante, y todos los presentes vieron al elefante callar y serenarse por completo, y permitir al hombre acariciarlo; todos los presentes, los de alta y baja cuna, ahogaron una exclamación cuando el elefante, con ternura, enrolló la trompa en torno al prisionero y lo levantó. Todos vieron cómo el extranjero del cabello amarillo era acomodado igual que un príncipe sobre el amplio lomo de Hiran.
El emperador Akbar observó el milagro desde el pabellón de cinco plantas conocido como Panch Mahal, con el rajá Birbal a su lado, y ambos quedaron hondamente conmovidos por el suceso. "



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