Martinica encantadora de serpientes (fragmento)André Bretón

Martinica encantadora de serpientes (fragmento)

"Y los grandes órganos son aquí la lluvia que cae y se perfuma: ¡qué estación para la llegada de sus expresos de vidrio desde todos los sentidos sobre mil rieles, para la maniobra sobre tantas plataformas giratorias! A toda hora carga con sus lanzas blancas y negras, corazas volando en destellos de mediodía de esas armaduras antiguas hechas de estrellas que nunca antes había visto. ¡El gran día de preparativos que puede preceder la noche de Walpurgis en el abismo de Absalón[32]! ¡Allí estoy! Por poco que la luz se vele, toda el agua del cielo se desploma en seguida sobre su carpa, de donde penden los aparejos de vértigo y el agua todavía se escurre al afinar los instrumentos agudos de cobre verde. La lluvia posa sus vidrios de lámpara alrededor de los bambúes, en las arandelas de flores bermejas aferradas por ventosas a las ramas, alrededor de las cuales no hace un minuto todos los pasos de danza enseñados por dos mariposas de sangre. Entonces todo se despliega en el fondo del tazón a la manera de las flores japonesas, después un claro se entreabre: el heliotropismo surge de allí con sus zapatos puntiagudos y sus uñas retorcidas. Cautiva todos los corazones, alza de un penacho a la sensitiva y desfallece al helecho cuya boca ardiente es la rueda del tiempo. Mi ojo es una violeta cerrada en el centro de la elipse, en la punta del látigo. "


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