Enrique Jácome Breca, el de las marinas (fragmento)Faustino Sancho y Gil

Enrique Jácome Breca, el de las marinas (fragmento)

"En una fría mañana del mes de febrero del año 1996, el anciano caballero, en uno de sus paseos por la ciudad, en los que disfruta de su despreocupada jubilación -¿acaso esta palabra no significa jubileo, júbilo, alegría?- visita la exposición Tres siglos de dibujo sevillano que tiene lugar en el Hospital de los Venerables Sacerdotes.
Se asombra y maravilla ante la belleza de los dibujos de Pacheco, Velázquez y Murillo, Herrera el Viejo, Herrera el Mozo, Valdés Leal, Lucas Valdés y de tantos otros artistas de los siglos XVI, XVII y XVIII, traídos a Sevilla desde lejanas pinacotecas. Piensa en la hermosura repartida por Europa por los artistas sevillanos y agradece la labor de quienes, ahora, la traen a la ciudad en la que fue creada. [...]
Recuerda el caballero que en Cádiz, su ciudad natal, hay una calle dedicada a este pintor, una calle estrecha y sombría, como casi todas las del casco antiguo, próxima a la Alameda de Apodaca, a las murallas y al mar. Cerca de esta calle, en la de Fernán Caballero, pasó su infancia y juventud, el ahora anciano señor. La nostalgia y los recuerdos le vienen de golpe. En la calle Enrique de las Marinas tenía su consulta el médico de la familia, un viejecito lleno de amabilidad y sabiduría que le curaba las enfermedades infantiles con sus dulzonas y aromáticas fórmulas magistrales. Camino de la plaza de Mina había dos tiendas de antigüedades, repletas, en aquellos años tan lejanos, de hermosos muebles de caoba, espejos y cornucopias doradas, abanicos, figuras de marfil, joyas de plata y coral, y, con frecuencia pinturas al óleo de veleros y vapores de rueda luchando contra la mar alzada y el viento duro. No recuerda, sin embargo, haber visto nunca, ni en los anticuarios, ni en el museo, ni en parte alguna, un cuadro de Enrique de las Marinas. Un nombre lleno tan sólo, para él, de evocaciones ajenas a la pintura. [...]
Alude también al "delicioso puerto" de Cádiz, donde Enrique se había aficionado "a pintar naves y marinas" y cuenta como en la ciudad de Roma, adonde al parecer se había llevado la desesperación al no verse reconocido por su arte en su tierra natal, tuvo amistad con su paisano Fray Juan de Guzmán, al que le reprochaba su intención de volver a España, afirmando que "el no volvería por todos los intereses del mundo, que provincia donde no los estiman no merece tenerlos. "



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