Si los muertos no resucitan (fragmento)Philip Kerr

Si los muertos no resucitan (fragmento)

"Volví al Adlon, cogí una llave maestra del mostrador y subí a la suite 114 por las escaleras. Las habitaciones olían mucho a puros y colonia. Los armarios estaban repletos de trajes hechos a medida y los cajones, de camisas primorosamente dobladas. Hasta el calzado era hecho a medida en una empresa de Londres. Sólo de ver el cajón, pensé que me había equivocado de trabajo, aunque, la verdad, para saber eso no me hacía falta mirar los zapatos de Max Reles. Se ganara la vida como se la ganase, le compensaba mucho, desde luego, como todo lo demás, me imaginé. A juzgar por su comportamiento, no podía ser de otra forma. La colección de relojes y anillos de oro que había en la mesilla de noche confirmaba la impresión de un hombre a quien no le preocupan su seguridad personal ni los precios de la altura del monte Matterhorn que tenía el Adlon.
Había una Torpedo tapada en la mesa de la ventana, pero el archivo alfabético de acordeón que había debajo, en el suelo, me indicó que se usaba mucho: estaba lleno de correspondencia con empresas de construcción, compañías de gas, aserraderos, productores de caucho, fontaneros, electricistas, ingenieros, carpinteros… y de toda Alemania, además, desde Bremen a Wurzburgo. Algunas cartas estaban en inglés, desde luego, y de entre ellas, había unas cuantas dirigidas a la Avery Brundage Company de Chicago, cosa que debería haber sido un indicio de algo, aunque no supe de qué. "



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