Los hermanos Oppermann (fragmento)Lion Feuchtwanger

Los hermanos Oppermann (fragmento)

"Gustav Oppermann había pasado la mañana trabajando con el doctor Frischlin. El doctor Klaus Frischlin, un hombre alto y delgado con mal color de cara y ralos cabellos, procedente de una familia adinerada, había empezado por estudiar Historia del Arte; poseído por sus estudios, había soñado con hacerse profesor. Luego se quedó sin dinero, y pasó hambre y miseria; cuando ya no tenía más que un traje raído, unos zapatos estropeados y el manuscrito de un estudio inusualmente concienzudo sobre el pintor Theotocopulos, llamado El Greco, Gustav Oppermann lo rescató. Para darle trabajo, había organizado un Departamento de Arte en Muebles Oppermannn y le había nombrado jefe de ese departamento. En su desbordante optimismo, Gustav había soñado al principio con propagar a través de la empresa, dando un rodeo por Klaus Frischlin, objetos modernos como muebles de acero, diseños de la Bauhaus y cosas por el estilo. Pero pronto se había visto forzado a ver, entre divertido y amargado, cómo el Departamento de Arte rendía sus armas ante las necesidades de la robusta clientela pequeño-burguesa de los Oppermann. Klaus Frischlin siguió intentando, dura, astuta e inútilmente, colar su propio y sensible gusto por alguna puerta trasera. Gustav lo observaba divertido y conmovido. Le gustaba ese hombre testarudo, y a menudo requería sus servicios como secretario privado y colaborador científico.
También aquel miércoles, como todos los miércoles, Gustav había llamado a Frischlin. En realidad, quería trabajar en la biografía de Lessing. Pero ¿no conjuraba al destino envidioso al dedicarse a eso precisamente hoy? Así que no lo hizo, y en vez de ello se aplicó a revisar de una manera un tanto cronológica su propia vida. ¿No se le había ocurrido esta mañana lo difícil que era orientarse en la historia de la propia vida? El quincuagésimo aniversario es el día apropiado para poner un poco de orden en esta cuestión.
Gustav conocía bien la biografía de muchos hombres de los siglos XVIII y XIX. Tenía práctica en reconocer qué vivencias habían sido decisivas para ellos. Era curioso lo difícil que le resultaba decidir qué era importante para su propio destino, y qué no. Y eso que había vivido acontecimientos emocionantes, que marcaron su propio destino y el destino de todos, la guerra y la revolución. Pero ¿qué le había cambiado realmente? Incómodo, veía cuánto había pasado de largo. La revisión le puso nervioso. "



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