Mason y Dixon (fragmento)Thomas Pynchon

Mason y Dixon (fragmento)

"A medida que oscurece y aparecen las primeras llamas de bujía, a veces reflejadas también en los vidrios de las ventanas, se intensifican los sonidos procedentes de establos y callejones y el humo de las chimeneas vaga por la atmósfera propia de los días navideños. La taberna se pone su manto nocturno de cambiante luz ambarina y sinuosos pliegues de penumbra. Mason y Dixon perciben un denso murmullo de expectación.
De súbito, una docena de faroles provistos de espejos, encendidos al mismo tiempo, rasga la oscuridad y en el espacio resplandeciente entra un terrier de Norfolk, un tanto desaliñado y con un brillo de picardía en los ojos, mientras desde algún lugar menos iluminado empieza a sonar una animada obertura para cuerno, clarinete y violoncelo, a cuyo ritmo el perro da unos pasos adelante y atrás en el brillante ámbito.

Preguntadme lo que os plazca,
pues soy el perro sabio inglés,
versado en todo, desde las pulgas
hasta la monogamia del rey,
príncipes persas, tortitas polacas,
la geomancia de los chinos,
judías brincadoras o máquinas voladoras,
todo cuanto desee vuestro capricho.
Puedo citaros a los clásicos
hasta empacharos los oídos.
Resuelvo también, dentro del coco,
senos versos logarítmicos.
¡Pero nada «ministerial., os lo ruego,
o esta noche pierdo el puesto
de perro sabio inglés, por cierto!

Tienen lugar las solicitudes habituales. ¿Conoce el perro dónde chupa la abeja? ¿Cuál es la integral de 1 partido por «libro», multiplicado por diferencial de «libro»? ¿Está casado? Dixon observa que su futuro colaborador parece haber caído en una especie de estupor magnético, como podrían denominarlo los mesmerianos. Más de una vez Mason parece a punto de levantarse bruscamente y soltar algo que después decide guardarse hasta más avanzada la noche. Finalmente el perro se da cuenta, pero ve que Mason está demasiado excitado para hablar de un modo coherente. Tras dejarle parlotear durante un minuto, el perro exhala un profundo suspiro y le dice:
—Nos vemos luego, ahí al fondo.
—Sólo será un momento —le dice Mason a Dixon—. Puedo ir solo, si usted prefiere hacer alguna otra cosa...
Como no le apetece la gran chuleta de carnero que se está enfriando delante de él, Mason la envuelve con gestos apáticos y se la guarda en un bolsillo de la levita. Al alzar la vista, observa que Dixon, con la boca llena y la expresión jovial, sonríe de una manera demasiado indulgente como para que Mason no se sienta turbado. "



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