Estatua con palomas (fragmento)Luis Goytisolo

Estatua con palomas (fragmento)

"Excluido con la mayor naturalidad del mundo el hábito de trabajar, de entregarse a cualquier clase de ocupación, fuese o no remunerada, sus actividades se centraron principalmente en la lectura y los viajes, dos ámbitos de su vida que más que estrechamente vinculados llegaron en cierto modo a confundirse. Tanto por razones de comodidad como de economía, nunca estuvo en ningún lugar que no fuese próximo, de fácil acceso y en la época adecuada, por lo general el verano. Los viajes a países exóticos —Nueva Zelanda, Canadá, Costa Rica, Chile— los realizó siempre, con la ayuda de su imaginación, por medio de la lectura, en especial, a fin de precisar algún que otro dato que pudiese desconocer, a través de las páginas de la Enciclopedia Británica y del Calendario Atlante de Agostini. Le sobraba fantasía para trasladarse de un continente a otro, para recorrer un mundo que se conocía con el mismo detalle que el cuerpo humano. Su afición viajera fue causa asimismo de más de un descalabro en sus finanzas, ya que no pudo sustraerse a la tentación de invertir dinero en sociedades radicadas en lugares sumamente favorecidos por la naturaleza, dando más importancia a esta consideración que a la solvencia económica de la empresa. Sólo así se explican las estrecheces que progresivamente fueron limitando su tren de vida, en contraste con la situación más desahogada de tío Luis, no menos afectado por un fenómeno de carácter general como puede ser la inflación.
Más que como consecuencia de las periódicas visitas de carácter familiar, la influencia sobre mi visión del mundo que cabe atribuir a su trato se ejerció preferentemente durante sus largas estancias en Torrentbó, preferentemente los meses de julio y septiembre. El tema de nuestras conversaciones, o, mejor dicho, su marco geográfico, era, ni más ni menos, el globo terráqueo, con alguna que otra incursión en la astronomía y en las posibilidades de vida en otros planetas del sistema solar. Su capacidad evocadora al explayarse acerca de la singular belleza de las mujeres anglochinas o de las características infernales del clima nigeriano, sólo era equiparable a la de tío Luis al hablar de Moby Dick o de tal o cual novela de Joseph Conrad. La anglofilia que ambos compartían, más que cuestión de temperamento, respondía a una actitud moral significativa, ya que lo que realmente respaldaban eran valores que, acertadamente o no, es casi un lugar común considerarlas consustancialmente británicas: tolerancia hacia los demás que, aplicada a uno mismo, supone el derecho al máximo respeto de la propia vida privada.
Si Torrentbó era un buen lugar para comienzos del verano y para septiembre, en agosto, tío Leopoldo tenía por costumbre irse a pasar una temporada a algún lugar más fresco, pueblos de contorno frondoso como San Juan de las Abadesas, Camprodón o la fonda anexa a la ermita de La Trinidad, cerca de Poblet. Su equipaje era siempre sucinto: una pequeña maleta con una muda, un libro, los trebejos de afeitar y, envuelto en hojas de diario, un queso o parte de un queso de Mahón, obsequio que desde Menorca le hacía llegar periódicamente la prima Josefina, una de sus incondicionales desde la adolescencia. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com