El caso del falso accidente (fragmento)Jordi Sierra i Fabra

El caso del falso accidente (fragmento)

"Por su trabajo, papá solía pasar algunas noches fuera de casa. Con mi abuela moviéndose siempre como una sombra, como si en lugar de caminar flotara, yo me había convertido en una experta en interpretar silencios. Cada hora tenía el suyo. No era igual el de la mañana que el de mediodía, y aún menos los de la tarde o el anochecer, sobre todo los del anochecer, porque la abuela aborrecía la televisión y su universo de pasiones ficticias. A veces no me atrevía a poner la música muy alta y optaba por los auriculares, aunque nunca se quejó.
La única que se quejaba era mamá.
Que papá entrase por la puerta de modo inesperado, casi siempre gritando con su tono jovial, era lo más normal. Por eso al llegar a casa el efecto fue sobrecogedor.
Papá no iba a volver..., por lo menos como antes.
El silencio sería eterno.
—Voy a prepararte algo —dijo la abuela.
—No...
No me hizo ni caso, ni yo insistí. Era incapaz de tragar nada. Daría tres bocados a lo que fuera y después...
Me pregunté si ella se desmoronaría al quedarse a solas.
Como hice yo.
Al entrar en mi habitación se me cayó el mundo encima.
Me vi reflejada en el espejo frente al cual había bailado tantas y tantas horas siendo niña, me abracé a mí misma y descargué toda la tensión que me había sobrecogido desde que la llamada del hospital nos hizo salir corriendo.
De eso hacía ya una eternidad.
Dejé que las lágrimas fluyeran sin tratar de retenerlas, y continué quieta, de pie en medio de la habitación, aplastada por los sentimientos que se desbordaban en mi cuerpo.
La danza de las palabras me asaeteó la mente.
«Parálisis», «Traumatismo craneoencefálico», «Vegetal»...
Creía que podría llorar a gusto, aislarme durante unos segundos, pero no fue así. La voz de la abuela me llegó procedente del pasillo, al otro lado de mi puerta, aunque ni la golpeó con los nudillos ni trató de abrirla. "



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