Los vientos del cambio (fragmento)Isaac Asimov

Los vientos del cambio (fragmento)

"Empezaron un poco antes y, cuando ella se levantó con su traje blanco para cantar, eran las 8.14 en mi viejo reloj de bolsillo, que nunca se adelanta ni se atrasa más de dos segundos. No era una de esas sopranos pequeñas vuestras; estaba construida a una generosa escala, con una buena capacidad para el tipo de resonancia que necesitas cuando alcanzas esa nota alta que ahoga el sonido de la orquesta. Cuando inspiraba varios litros de aire a sus pulmones para manipularlos luego, podía darme cuenta de qué era lo que Mortenson veía en ella, envuelto en varias capas de material textil.
Empezó a cantar a su nivel habitual y luego, precisamente a las 8.15, fue como si se le añadiera otra voz. La vi sufrir un pequeño sobresalto, como si no creyera lo que estaba oyendo, y una de sus manos, con la cual sujetaba su diafragma, pareció vibrar.
Su voz se elevó. Era como si se hubiera convertido en un órgano recién ajustado. Cada nota era perfecta, una nota fresca, inventada en aquel mismo momento, al lado de la cual todas las demás notas del mismo tono y calidad eran copias imperfectas.
Cada nota surgía exactamente con el adecuado vibrato, si esa es la palabra, aumentando y disminuyendo con enorme fuerza y control.
Y la cosa iba mejorando a cada nueva nota. El organista no miraba a la música, la estaba mirando a ella y, no puedo jurarlo…, pero creo que dejó de tocar. Si siguió tocando, nadie lo oyó tampoco de todos modos. No había ninguna forma en que alguien pudiera oír nada mientras ella estaba cantando. Nada, excepto a ella.
La expresión de sorpresa se había borrado de su rostro, y ahora en su lugar había una expresión exaltada. Había dejado a un lado la partitura que estaba sosteniendo; no la necesitaba. Su voz cantaba por sí misma, y no necesitaba controlarla ni dirigirla. El director estaba rígido, y todos los demás del coro parecían alucinados.
Finalmente el solo terminó, y el coro sonó como si fuera un susurro, como si todos ellos estuvieran avergonzados de sus voces y afligidos por tener que emitirlas en la misma iglesia y en la misma noche.
Todo el resto del programa fue enteramente de ella. Cuando ella cantaba, era todo lo que se oía aunque estuvieran sonando simultáneamente otras voces. Cuando ella no cantaba, era como si nos halláramos sentados en la oscuridad, y no pudiéramos soportar la ausencia de la luz. "



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