El sombrero del mago (fragmento)Tove Jansson

El sombrero del mago (fragmento)

"Era agosto, los días eran más cortos y el jardín estaba ya lleno de sombras aterciopeladas. Un susurro ominoso pasaba a través del bosque y las luciérnagas habían encendido sus linternas.
El papá no podía evitar sentir un poco de miedo al cruzar el jardín para buscar la escopeta. ¡Y si esa Bu estaba al acecho detrás de un arbusto! No se sabía qué aspecto tenía y sobre todo cómo era de grande. Cuando Papá Mumin volvió a la veranda puso el sofá delante de la puerta y dijo:
¡Hay que dejar la luz encendida toda la noche y todos tenemos que estar preparados para una emergencia! ¡Esta noche el Snusmumrik ha de dormir dentro!
¡Era terriblemente excitante! Papá Mumin dio un par de golpes en el cajón de la cómoda y dijo:
¡Os protegeremos!
Pero nadie contestó. Papá Mumin abrió el cajón para ver si Tofelán y Vifelán ya habían sido raptados, pero dormían tranquilamente con la maleta a su lado.
Creo que es hora de acostarnos, dijo Papá Mumin. ¡Pero antes armaos todos!
Con gran barullo y mucho miedo todos se retiraron a sus habitaciones y poco a poco se hizo el silencio en la Casa Mumin. Solitaria, la lámpara de petróleo ardía sobre la mesa del salón.
Dieron las doce. Luego la una. Un poco después de las dos el Desmán sintió necesidad de salir de la cama. Somnoliento, salió a la veranda. Allí se detuvo sorprendido viendo que el sofá estaba tapando la puerta. ¡Qué ideas!, murmuró y tiró todo lo que pudo del sofá que era muy pesado. Y ¡claro! el despertador que Papá Mumin había preparado como alarma se puso a sonar.
Al instante la casa se llenó de gritos, disparos y estampidos de muchos pies. Armados con hachas, tijeras, piedras, palas, navajas y rastrillos bajaron al salón donde se pararon asombrados al ver al Desmán.
¿Dónde está la Bu?, gritó el Mumintroll.
¡Bah!, he sido yo, dijo indignado el Desmán. Sólo quería salir para hacer pipí. No me acordaba de vuestra estúpida Bu.
Pues sal corriendo ¡y que no se vuelva a repetir!, dijo el Snork abriendo la puerta de la veranda de par en par.
En ese preciso momento vieron a la Bu. Todos y cada uno la vieron. Estaba sentada inmóvil en el camino de arena al pie de la escalera contemplándoles con redondos e inexpresivos ojos.
No era especialmente grande y tampoco parecía peligrosa. Simplemente daba la impresión de que era tremendamente mala y que podía esperar todo el tiempo que hiciera falta. "



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