Los otros caminos (fragmento)Álvaro Cunqueiro

Los otros caminos (fragmento)

"Parece ser que de este Mr. Wendoll, a quien Samuel Pepys presta dinero al dieciséis por ciento, sahumados los intereses, como diría el labrador cervantino, con una barrica de Canarias, podrían decirse aquellos dos versos de Dryden que cuentan:
«La comadrona colocó su mano sobre su grueso cráneo, e hizo esta profética bendición: “¡Sé estúpido!”
«Be thou dull!» Mr. Zacarías Wendoll era estúpido. Habiendo llegado a Londres un prestidigitador italiano, profesor de magia y violinista, y habiendo conocido a Mr. Wendoll en una taberna, mano a mano con un pastelón de liebre y una discusión sobre los antípodas, que era el tema favorito de Mr. Wendoll, aconteció que Mrs. Wendoll, de nombre Ana, y una de las más bellas damas de Londres, «vestida con un traje de seda verde, adornado con hilos de oro viejo y encaje de Lyon», entró a buscar al joven y polemista esposo. El italiano, de quien se ignora el nombre, pese a la incesante investigación de la Pepys Society, apostaba en aquel momento a Mr. Wendoll a que, por diez libras, era capaz de hacerle viajar a los antípodas, donde «a la hora meridiana, por la atracción del sol, lo mismo que en las noches de luna llena, los hombres y los animales vuelan y aun se ven peces que asomados imprudentemente a flor de agua, como pájaros van sobre las olas hasta que privados del líquido elemento, perecen». Mr. Wendoll, que aún no había bebido la suficiente cerveza para que su dura mollera ablandase, negaba maiorem et minores. Decidieron continuar la conversación en casa de Mr. Wendoll, refrescando con más cerveza un barrilito de ostras. El italiano tocó el violín, hizo varios juegos de manos, como «transformar una vela encendida en una paloma, y ésta a su vez en un ramo de rosas». Las rosas fueron para la hermosa Ana. "



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