Cuestión de ambiente (fragmento)Antonio de Hoyos y Vinent

Cuestión de ambiente (fragmento)

"Sonreía, un poco cortado, la cara teñida de rojo, y en los ojos una franca y reposada alegría. ¡Qué buenos eran! ¡Qué suerte la suya! Había encontrado allí unos padres que velaran por él. No lo negó. ¿Para qué? Hubiera sido ingratitud. Era verdad. La noche anterior no quitó en todo el transcurso de la representación los ojos del palco que, en unión de sus padres, ocupaba la hermana de Casa Baia, latiéndole el corazón con agitadas palpitaciones. Ella también le miraba mucho, no cabía duda. ¿Por qué aquel cambio, cuando veinticuatro horas antes no parecía fijarse en él? No podía explicárselo. Pero ¿qué le importaba? ¿Acaso hace falta buscar la explicación de los sentimientos cuando se tiene un corazón sano y joven? Analizar es más propio del médico que del amante. Para creer, para amar, no hace falta el análisis: basta sentir. El que analiza, mata.
Una impresión gratísima le invadía al sentir nacer aquel amor en su alma ansiosa de cariño, y condenada a estar privada de él desde la muerte de sus padres.
¿Podrían llegar a realizarse tan bellas ilusiones? Sentía ganas de arrojarse a sus plantas y cubrirles las manos de besos. ¡Qué buenos! ¡Oh, qué buenos!
Entró la doncella sosteniendo un rico gabán de chinchilla, en el que se envolvió la dama. Después se acercó ésta a su madre y la besó la mano. Lo hacía siempre que había gente. Aquel era su orgullo. «Mi hija -decía en cuanto se ofrecía ocasión propicia- está muy bien educada. La he dado una educación patriarcal. Me muero por los hogares a la antigua usanza, y aunque me esté mal el decirlo, el mío tiene mucho de ellos.»
Sí tenía mucho. Por el pronto los sitiales de la antesala.
Se colgó del brazo de Ignacio para descender la monumental escalera de mármol, seguidos por el marido, y un minuto más tarde se perdían al trote de los soberbios caballos que arrastraban la berlina entre las brumas de la noche. "



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