La ciudad de N (fragmento)Leonid Dobychin

La ciudad de N (fragmento)

"Retrasado por los contratiempos, llegué corriendo al lugar de la cita. Allí encontré a Ágata. «Estupendo, que mire y luego se lo cuente todo a Natalie», pensé yo. Se la veía agitada, sentada en un banco y con los ojos abiertos como platos. Pasó Mitrofánov Charlé con él. Me contó que ya no volvería a nuestra escuela, iba a estudiar en la de comercio. Entendí que debía sentirse incómodo en la nuestra después de las conversaciones que tuvo con el padre Nikolái durante la confesión. Pensé satisfecho que a mí nunca me pillarían de ese modo. Volví a mirar a mí alrededor. Ágata se levantó bruscamente y volvió a sentarse. Me marché con Mitrofánov. Claramente, la dama que me había invitado allí se había ido sin esperarme. Me sentí disgustado.
Tras despedirme de Mitrofánov, tomé el camino de regreso por el espolón. Sonaban las campanas de las iglesias. Los trabajadores del saneamiento viajaban con gran estruendo en mi dirección. Me sorprendí al reconocer entre ellos a Ósip, el chico que estudiaba conmigo en casa de Gorshkova. Él también me vio, pero no se dignó saludarme. Aquella tarde por primera vez yo tampoco quise saludarlo a él.
Al final del verano sucedió una tragedia. Un jamón de cobre se desprendió y cayó sobre la cabeza de madame Strauss y la mató ante los ojos del director de orquesta Schmidt, que estaba con ella junto a la entrada de la charcutería.
El funeral fue muy solemne. Un agente de policía caminaba y obligaba a la gente a quitarse el sombrero. Tras él viajaba el pastor. Por detrás del coche fúnebre iba Strauss. Lo llevaban de la mano Jozes (el vendedor de pianos) y Jutt. Después iban madame Jutt, madame Jozes y la mujer de von Bonin, que había venido del pueblo. Tras ellas comenzaba la multitud. Entre ellos estaban Pferdchen, Zaks (el de las cerillas), Bodrévich, Schmidt, Griliches (el de las pieles) y el padre de Mitrofánov. Las campanas de la iglesia luterana tañían. Entristecido, yo observaba desde la ventana. Me imaginé que quizás en algún momento llevarían así a Natalie y, al igual que Schmidt hoy, yo iría por detrás, entre los extraños. "



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