Frutos de mi tierra (fragmento)Tomás Carrasquilla

Frutos de mi tierra (fragmento)

"En el cerebro de Galita continuaban las fiestas con terribles aditamentos: el fragor de las calles, el bullicio de los salones, el remolino de las hermosas, la abigarrada corte de galanes. Pepa, en brazos de uno, gallardo en sumo grado, suspendía el baile para señalar á Martín con el abanico, para estallar en vilipendiosa carcajada, para decir "¡gasss!" y tirarle una escupa en la cara. Y como Martín tenía el don de la ubicuidad, se encontraba á la vez en la plaza: allá, tras los palcos, á manera de medioeval torneo, al plañir de las campanas que tocaban á muerto, ejecutaba la maestranza sus graciosas evoluciones, sus caracoles simétricos, sus valientes alcancías. Entre la brillante caballería, en medio de los penachos encumbrados, de los recamos de oro y plata, de la pompa de tan gentiles disfrazados, Martín, caballero en el Retinto, pero en el retinto flojo, orejicaído y menoscabado, exhibía el roquete blanco y el bonetico de los seminaristas, montando con la hombría bien y el aire temeroso de cura gordo que va de confesión. Sobre el futuro tonsurado llovían piedras alzadas entre atronadora rechifla, al mismo tiempo unos sacerdotes y todo el seminario en comunidad hacían en el atrio de la catedral la posa de un entierro, cuyo difunto no era otro que Martín. Muerto y todo le llegaba hasta las entrañas aquel De profundis, largo, coreado, lleno de horror. Con más dolores que los producidos por la lapidación, sentía sobre su cadáver los goterones de agua bendita que Pepa, en furibundas aspersiones, le echaba á una con los apedreadores del seminarista vivo. "


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