Las cuatro plumas (fragmento)A. E. W. Mason

Las cuatro plumas (fragmento)

"Toda mi vida tuve miedo de que algún día actuara como un cobarde, y desde el principio supe que estaba destinado a ser militar. Mantuve mi temor en privado. No tenía a nadie a quien contarle. Mi madre había fallecido, y mi padre… Se detuvo por un momento, y respiro profundamente. Casi podía ver a su padre aquel solitario hombre de hierro, sentado en ese mismo instante en la silla favorita de su madre en la terraza, mirando sobre los campos iluminados por la luna en los Sussex Downs; podría imaginarlo soñando con los honores y distinciones que los Fevershams merecedoramente ganarían inmediatamente gracias a su hijo en la campaña en Egipto. Seguramente el corazón del viejo hombre se rompería al saber de esto. La magnitud del daño que había causado, la miseria que se esparciría, empezaba a ser clara para Harry Feversham. Soltó su cabeza entre sus manos y gimió en voz alta.
(...)
Feversham recogió el anillo y lo sostuvo en la palma de su mano, manteniéndose estoicamente. Nunca le había importado tanto ella, nunca había reconocido sus valores tan minuciosamente como en este momento que la perdía. Sólo ella irradiaba luz en esa silenciosa habitación, maravillosa, más maravillosa, desde las brillantes flores de su cabello hasta las blancas zapatillas de sus pies. No era creíble que alguna vez la hubiera conquistado. Sin embargo, lo había hecho y por su deslealtad la había perdido. Entonces su voz rompió sus reflexiones.
-Esas, también, son tuyas. ¿Las puedes tomar, por favor?
-Ella apuntaba con su abanico hacia las plumas colocadas sobre la mesa. Feversham obedientemente las alcanzó con la mano, y las apartó con sorpresa.
-Hay cuatro plumas-, dijo él.
Ethne no contestó, y mirando su abanico Feversham lo comprendió todo. Era un abanico de marfil y plumas blancas. Ella había roto una de las plumas y la había añadido por su cuenta a las tres. Lo que había hecho era cruel, sin duda. Pero ella deseaba ponerle fin a todo -un completo e inevitable final-; aunque su voz era firme y su rostro, a pesar de su complexión, imperturbable, se sentía realmente atormentada por la humillación y el dolor. Deseaba no volver a ver a Harry Feversham después de esa noche. Por eso había añadido la cuarta pluma a las tres. Él las mantuvo entre sus dedos como si las fuera a quebrar por la mitad. Pero se detuvo en la acción. Miró de repente hacia ella y mantuvo sus ojos sobre su rostro por un instante. Entonces con extrema delicadeza colocó las plumas en el bolsillo de su pecho. Ethne en ese instante no tomó en cuenta porqué lo hacía. Sólo pensó que ese era el irrevocable final. "



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