Madrid, otoño, sábado (fragmento)Josefina Aldecoa

Madrid, otoño, sábado (fragmento)

"El tren siguió su marcha y los viajeros que se asomaban a las estrechas ventanillas continuaron mirando, aburridos y absortos, la pequeña estación.
El hombre se volvió de espaldas al tren y miró al campo que empezaba allí mismo, en torno al edificio blanco y rojo, manchado de carbón, maloliente a pesar del aire fresco de la montaña. El hombre echó a andar por el campo con la maleta de lona en una mano y el sombrero en la otra.
El camino en cuesta aparecía ante sus ojos, vacío y hostil. Sus cantos limados, aguzados, sobresalían de la tierra y era difícil caminar, porque a cada paso vacilaban los pies; se retorcían al encontrar las erosiones apenas cicatrizadas de la torrentera invernal. El camino subía a la montaña para descender luego hasta el valle. No había árboles en las laderas y al llegar a la cima, el hombre pudo ver claramente la línea de montañas del otro lado y el breve llano prisionero a sus pies. El sol ponía bordes fulgurantes en las crestas más altas. Su oculto fuego volvía más pálido el cielo frío de la tarde.
El hombre se sentó a descansar. La maleta de lona se vencía hacia un lado y él la dejó caer despreocupadamente. Luego frunció el ceño y arrugó los párpados para ver mejor. En algún punto del monte cercano se percibían manchas móviles, oscuras sobre el fondo grisáceo de las rocas. El hombre trató de concretarlas. Arrugó más los ojos.
«El ganado», pensó.
Luego suspiró y se dispuso a abrir la maleta. Sobre la ropa doblada depositó el sombrero blanco y blando, un poco sucio. Luego volvió a cerrar la maleta y se puso en pie.
Camino abajo se veía el pueblo con su pequeño cerco verde de huertecillos enanos. Por la torre de la iglesia revolaban pájaros negros. Las casas del pueblo se afincaban en la tierra, entre los breves prados que dejaban libres, de trecho en trecho, las últimas rocas de la montaña.
Cuando el hombre acarició las piedras que cercaban el primer huerto del pueblo, de las chimeneas salía el humo de la tarde; humo de cocinas apagadas en los mediodías del verano y vueltas a encender en el crepúsculo. "



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