Diario de 360º (fragmento)Luis Goytisolo

Diario de 360º (fragmento)

"Pero la farmacéutica ya no la escuchaba, encarada a otro cliente con su sonrisa estirada y sus ojos redondos, como de cristal. Natalia pensó que estaba por demostrar que, cuando ella le daba la espalda, Carmen seguía en activo, en lugar de meterse en una caja de cartón y cerrar los párpados.
Camino de casa pensó que se hallaba metida de lleno en una situación que era en sí misma un planteamiento de novela: una mujer de entre treinta y cuarenta que necesita estar sola una temporada para poner un poco de orden en su vida, llega a un pueblo a cuidar de una casa que le han prestado sus amigos. La chica ha sido estudiante revolucionaria, ejecutiva agresiva y miembro de una escuela de meditación tántrica con sede en California y la India. Pero lo que ahora ella necesita es precisamente eso: retirarse a un pueblo perdido y saber cómo es ella realmente, al margen de los diversos papeles que ha ido representando. ¿Sería capaz de escribir esa novela? Seguro que, de serlo, todos sus males se esfumarían.
Un punto de partida si se quiere clásico, pero impecable. A partir de ahí, debería relatar las relaciones de amistad y afecto que iba estableciendo con diversas personas, la intimidad que se iba creando. Pero ¿con quién en este caso concreto? Ésa era la cuestión. ¿Con una farmacéutica de la que llegaba a dudar que tuviese vida propia, que siguiera moviéndose cuando ella la perdía de vista? ¿Con Teresa, la practicante, una especie de loca a la que le costaba seguir en sus explosiones verbales? ¿Al lunático de la papelería, de cuyo nombre nunca estaba segura? Faltaba, además, el chico, un hombre de misterioso atractivo que, poco a poco se fuese erigiendo en elemento de contraste respecto a la intimidad alcanzada con sus amigas. Decididamente debía conocer al Dr. Noel. Ver en qué sentido era un excéntrico.
Lunes, 12 de abril. EL BOSQUE DE LOS MUERTOS. Localización súbita de un pueblo en ruinas que, con todo y llevar siglos abandonado, todavía figura en los mapas. Mucho más próximo de lo que había supuesto y de acceso asimismo más fácil, contiguos casi a la carretera los altos muros dorados, como brotando de la hiedra viva, entre los árboles.
Dicen que más arriba, entre los montes, hay un cementerio que no pertenece a ningún pueblo. Lo descubrieron los leñadores y parece muy antiguo. Un lugar que, en realidad, no queda lejos, en otro valle, aunque de no conocer el sitio, la localización sería muy difícil, ya que las copas de los árboles se integran en una verdadera tela de camuflaje, con brillos aterciopelados que le dan relieve. Debajo, las ramas y troncos desnudos forman intrincados espacios cavernosos de fresca luz. Hay colgajos de liquen y endebles tallos de trepadora en busca de claridad. Las lápidas son de piedra tosca, apenas trabajada, y no llevan inscripciones ni signos religiosos de ninguna clase. Los huesos parecen viejas maderas y también se hallan parcialmente recubiertos de musgo. Las tumbas se encuentran muy distanciadas unas de otras, lo que hace suponer que todavía existen muchas más todavía no excavadas. Lo más seguro es que hubiera una epidemia y enterraran a los muertos lejos de todo, dicen. ¿No es raro que lo hicieran en un bosque? ¡No!, dicen. Entonces no había bosque. El bosque creció a partir de entonces. "



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