Otra vez el mar (fragmento)Reinaldo Arenas

Otra vez el mar (fragmento)

"Me inclino en el sillón, recojo, al azar, el pedazo de un peine, una piedra diminuta y lisa y una semilla de pino. Me interno en el pinar, rumbo a la cabaña. Las cigarras aún no han reanudado su letanía. Al salir de entre los árboles veo a los muchachos que corren envueltos en una toalla rumbo a las cabañas cercanas. Ya es completamente de noche. Llego y me tiro en uno de los sillones del portal. Descubro la piedra, el pedazo de peine y la semilla que aún tengo en la mano. Nada de esto sirve para nada, digo en voz alta y me dispongo a lanzarlo fuera del portal. Al levantar la mano para tomar impulso, la puerta de la cabaña de al lado se abre y sale el muchacho. Puedo escuchar la voz de la madre que le da algunos consejos; finalmente, ella asoma parte de su cuerpo. Por suerte no me ha visto. El muchacho baja la cabeza y abandona el portal. Al pasar frente a mi cabaña me descubre, aún con el brazo en alto. Por un momento los dos nos quedamos desconcertados, mirándonos. Pero él, enseguida, introduce sus manos en los bolsillos, mira al frente y sigue andando. Como va vestido de blanco puedo observarlo en la oscuridad. Atraviesa la avenida de los almendros, cruza junto a las adelfas. La blancura de su ropa aún se destaca, como flotando, cuando pasa bajo el pinar y toma el pequeño puente de madera que comunica con la carretera de Guanabo. Haciendo un gran esfuerzo, casi imaginándolo, lo distingo aún junto a la parada del ómnibus. "


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