El mar que nos trajo (fragmento)Griselda Gambaro

El mar que nos trajo (fragmento)

"En el invierno de 1917, Isabella preparó su ajuar. Se casó en el verano siguiente, un día de tan intenso calor que el aire sofocaba y el agua salía caliente de los grifos. Ella, a quien habitualmente el calor trastornaba, no se dio cuenta, sólo percibió el cielo luminoso en el trajín conmocionante de la boda.
El novio era aquel niño que cuando murió Agustina le acarició la cabeza en el escalón de la puerta y le regaló una moneda de dos centavos. Dos centavos significaban una fortuna que Isabella no gastó.
Él tenía una gran familia y sus padres genoveses respetaron, como habían hecho con todos los hijos, la obligatoria grafía española de la libreta de casamiento. Lo llamaban José, aunque lo pronunciaban mal. Ellos al principio se habían opuesto al noviazgo y más al matrimonio; creían hereditaria la enfermedad de Luisa, muerta hace años. Isabella les resultaba sospechosa, juzgaban anémica su tez blanca, confundían con flacura y raquitismo su esbeltez. A contragusto, habían accedido finalmente, incapaces de sostener las cóleras y el empecinamiento de ese hijo que los enfrentaba.
Durante toda su adolescencia, él le hizo la corte, retardando el paso frente a la casa de Isabella cuando pasaba con sus amigos. Si lo veía venir, el más alto de todos, el más apuesto, Isabella se escondía, roja hasta la raíz de los cabellos. Tuvo que crecer, y por fin, a los diecisiete años, ella le sonrió, el corazón latiéndole de espanto por su propia osadía. La sonrisa trémula duró sin embargo, enamorada. "



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