El mundo es un pañuelo (fragmento)David Lodge

El mundo es un pañuelo (fragmento)

"Era un hombre fornido y de anchos hombros, con una recia mandíbula que sobresalía agresivamente, pero sus ojos, pequeños y demasiado juntos, parecían pertenecer a otra persona, más ansiosa y vulnerable, atrapada dentro de aquel físico poderoso. Rupert Sutcliffe no pareció excesivamente contento al ver al profesor Dempsey, ni tampoco dispuesto a compartir con él su propio pesimismo respecto a la conferencia.
—Tengo la impresión de que muchos se han visto retenidos por la nieve —dijo fríamente—. Un tiempo increíble para un mes de abril. Perdonen. Veo a Busby hacerme señas urgentes. Supongo que se habrán terminado las patatas fritas, o alguna otra crisis por el estilo.
Y se alejó presuroso.
—¡Dios mío! —exclamó Dempsey, mirando a su alrededor—. ¡Vaya caterva! ¿Por qué habré venido? —La pregunta parecía retórica, pero Dempsey procedió a contestarla extensamente y, al parecer, sin hacer pausas para cobrar aliento—. Le diré el porqué: he venido porque tengo familia aquí y parecía una buena excusa para verlos. Mis hijos, en realidad. Estoy divorciado, ¿sabe? Antes, trabajaba aquí, en este Departamento, créalo o no. Menuda pandilla de retrasados eran, o son todavía a juzgar por el aspecto de todo eso. Las mismas caras de siempre. Es como si nadie se moviera nunca. El carcamal de Sutcliffe, por ejemplo, lleva aquí cuarenta años, desde su juventud. Naturalmente, yo me largué apenas pude. Esto no es lugar para un hombre ambicioso. La gota que colmó el vaso fue cuando le dieron una cátedra a Philip Swallow en vez de dármela a mí, aunque entonces yo ya tenía tres libros en la calle y él no había publicado prácticamente nada. Se supone que existe un libro suyo sobre Hazlitt (Hazlitt, nada menos), que fue anunciado el año pasado, pero no he visto ni una sola reseña al respecto. No pude ver nada bueno. Pues bien, apenas le dieron la cátedra a Swallow, yo le dije a Janet: «Ya está bien, nos largamos, pondremos la casa en venta y nos iremos a Darlington, donde hace tiempo que me están llamando». Un lectorado inmediatamente, y luz verde para desarrollar mis intereses especiales: lingüística y estilística. Aquí siempre han aborrecido esas cosas; me bloqueaban una y otra vez, hablaban con los alumnos a mi espalda y les persuadían para que abandonaran mis clases. Le aseguro que me alegró poder sacudirme de los pies el polvo de Rummidge. De esto hace ya diez años. En aquellos días Darlington era pequeño, y supongo que todavía lo es, pero representaba un reto y los alumnos son muy buenos. Se sorprendería usted. Lo cierto es que yo estuve muy contento, pero por desgracia a Janet no le gustó y se le atravesó el lugar apenas lo vio. Bueno, el campus es un poco tristón en invierno; está fuera de la población, ¿sabe?, lindante con los páramos, y en aquellos días lo formaban mayoritariamente barracones prefabricados. Ahora está mejor, pues nos hemos librado de las ovejas y nuestro edificio de estructura metálica ganó recientemente un premio, pero antes… Bien, sea como sea no pudimos vender la casa aquí, pues había una congelación de hipotecas, y por tanto Janet decidió quedarse en Rummidge algún tiempo. Pensamos que, por otra parte, sería mejor para los niños, pues Desmond ya estaba en su último año de elemental, de modo que yo iba y venía, iba a casa cada fin de semana, es decir, casi cada fin de semana; era un poco duro para Janet y también duro para mí, claro está, y entonces conocí a esa chica, una posgraduada alumna mía, y bueno…, usted comprenderá que yo me sentía muy solo allí, y que fue inevitable si se piensa a fondo en ello. Le dije a Janet que fue inevitable, ya que ella se enteró de lo de la chica. "



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