El tercer policía (fragmento)Flann O'Brien

El tercer policía (fragmento)

"Aunque no mostró la menor intención de liberar su bicicleta de su solitario confinamiento en la celda, se puso las horquillas cuidadosamente en los camales y se dirigió pesadamente hacia fuera, hacia el corazón de la mañana. Caminamos juntos por la carretera. Ninguno de los dos hablábamos ni tampoco escuchábamos lo que el otro tuviera que decir.
Al salir, parecía que el viento quisiera liberarme de la oscuridad de la duda, el miedo y la extrañeza que se habían anclado en mi mente como una nube lluviosa sobre una colina. Todos mis sentidos, aliviados de la agonía que suponía soportar la existencia del Sargento, se tornaron supernaturalmente alerta en la tarea de interpretar el nuevo y maravilloso día en beneficio propio. El mundo sonaba en mi oído como un gran taller. Se hacían evidentes por todos lados sublimes hazañas mecánicas y químicas. La tierra vibraba expectante ante su industria invisible. Los árboles rezumaban actividad allá donde se erguían, y mostraban tímida pero abiertamente su fortaleza. La hierba crecía por todas partes, prestándole su distinción al universo. Se conjugaban formas y diseños muy difíciles de imaginar en todos los elementos que la vista era capaz de abarcar, fundiéndose en suprema armonía su variedad sin excepción. Hombres reconocibles por la blancura de sus camisas trabajaban diminutamente en los tremedales cercanos, bregando con la turba y el brezo. Había pacientes caballos esperando cerca de ellos, enganchados a sus carretas y, esparcidas entre los pedregales de una colina más lejana, algunas minúsculas ovejas pastaban. Se oía cantar a los pájaros en la intimidad de los árboles más frondosos, posándose en distintas ramas y conversando sin alboroto. En un campo junto al camino, un pollino permanecía inmóvil, y parecía que estuviera examinando la mañana, poco a poco, sin ninguna prisa. No se movía, mantenía la cabeza erguida y rumiaba sin nada en la boca. Daba la impresión de comprender por completo estas inexplicables alegrías del mundo.
Miré a mi alrededor, insatisfecho. Quería verlo todo con la suficiente plenitud antes de girar a la izquierda hacia la eternidad junto al Sargento, y mis pensamientos seguían enmarañados en lo que mis ojos observaban. "



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