Pincher Martin (fragmento)William Golding

Pincher Martin (fragmento)

"Otra vez se oyó el gruñido, pero ahora recobró su aspecto de rostro y el aire le entró por la garganta. Existía un propósito detrás de la mueca que no permitía desperdiciar aire en sonidos inútiles. Un propósito implacable que aún no había tenido tiempo de descubrir. No podía respirar con regularidad, pero sí aspiraba entre los instantes de esa sepultura que se cernía sobre él. A medida que tragaba el aire comenzó a pensar. Volvió a recordar sus manos, y allí estaban, distantes en la oscuridad. Las recogió y con ellas tanteó el material duro de su capote. El botón le hacía daño y apenas si le era posible lograr que pasara por el ojal. Dejándose estar, con pocos movimientos de su cuerpo, pudo sentir que el mar lo ignoraba, tratándolo como la imagen de cristal de un marino o, como un tronco a punto de hundirse, pero que aun flotaría unos momentos. El aire le llegaba con regularidad entre los pasajes de las olas del mar.
Cogió el tubo y lo deslizó por entre las cintas. Podía sentir la goma desinflada y floja que ya casi no lo sostenía. Tomó la válvula entre los dientes y con dos dedos la destornilló, mientras que con los otros sellaba el tubo herméticamente. Aspiró un poco de aire entre la embestida de dos olas y lo sopló dentro del tubo.
Abusó del aire que podía haber entrado a sus pulmones, hasta que su cabeza tambaleó en su cuerpo como si hubiera sido un herido, y mientras tanto la estela verde giraba y revoloteaba a su alrededor.
El salvavidas comenzó a endurecerse bajo su pecho; pero tan lentamente que no pudo darse cuenta del momento en que se produjo el cambio. De súbito el oleaje cubrió sólo sus hombros, y la sepultura que tantas veces se había cernido sobre él, bajo ese oleaje se convirtió en un agua que apenas lo mojaba. Descubrió que no le era necesario luchar por el aire; ya no era un juego de catch—as—catch—can. Sopló con fuerza y regularidad dentro del tubo, hasta que sintió que el salvavidas se levantaba forzándole la ropa. No obstante, no dejó de soplar de inmediato. Jugaba con el aire, soltando un poco para enseguida volver a soplar; parecía que hubiera tenido miedo de interrumpir la única acción positiva que podía llevar a cabo con el fin de ayudarse a sí mismo. Durante intervalos largos su cabeza, cuello y hombros se mantenían fuera del agua. Estos estaban más fríos que el resto de su cuerpo. El aire los entumecía. Comenzó a temblar. "



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