El sistema social (fragmento)Talcott Parsons

El sistema social (fragmento)

"Hasta cierto punto, estos dos factores del problema de la legitimación son antitéticos entre sí, al ser la moral defensiva en parte una función de una clara definición del conflicto habiéndose de este modo «quemado las naves». El subgrupo desviado que está sacando el mayor provecho posible de sus pretensiones de legitimidad no tenderá en general a incrementar las posibilidades de levantar la moral defensiva de sus miembros acentuando en exceso lo extremo de sus diferencias con el sistema principal de valores. Sin embargo, especialmente por vía de la interpretación, existe una importante posibilidad de sacar el máximo provecho posible de ambos mundos, concretamente cambiando las tornas con respecto a la sociedad general y declarando que las orientaciones de valor de ésta son ilegítimas en sí. Por regla general, los movimientos totalmente revolucionarios o religiosos de tipo profético lo hacen así. Pero aun entonces, raras veces se lleva a cabo este procedimiento de manera tan radical como podría pensarse. El hecho de que aquí van implícitas unas estructuras motivacionales ambivalentes se nos muestra a todas luces en la vacilación, muy usual, entre una actitud casi de ruego para que los miembros del extragrupo reconozcan la adhesión de la persona desviada para con los valores «reales» de la sociedad y su aplicabilidad a ella, por una parte, y, por la otra, en la expresión de una violenta agresividad hacia los mismos miembros del extragrupo. Por ejemplo, los comunistas con frecuencia explotan con pleno conocimiento las pautas de libertad de palabra y demás en las sociedades liberales, pero sin duda entre sus grados inferiores existe muy difundido el convencimiento de que ellos tienen derecho a esperar toda clase de «consideraciones» por parte de la ley. Sin embargo, al mismo tiempo que insisten en este derecho, se dedican a denunciar la totalidad del sistema del que aquella es parte institucionalizada. Las tendencias racionalistas de nuestro sentido común oscurecen con facilidad el carácter ambivalente de las motivaciones implícitas de tal movimiento. Considerando los procesos de reclutamiento y la posición que éste ocupa en nuestra sociedad, a duras penas parece posible que la inmensa mayoría de sus miembros no sean extremadamente ambivalentes en cuanto a la posición que han adoptado. Podría esperarse que esta ambivalencia se manifieste en incongruencias de actitudes y conducta, así como en la tan conocida y violenta postura defensiva que toman siempre que se pone en tela de juicio la legitimidad de su posición. Allí donde la ideología comunista se ha institucionalizado en un Estado comunista, la situación puede ser completamente distinta, como es lógico.
Con respecto a la pretensión de legitimidad, existe otra consideración de carácter tan general que exige en este punto un breve examen. Se trata del lugar que en todas las tradiciones culturales de las sociedades complejas ocupa un elemento «utópico-romántico» que en parte y en un cierto sentido se halla institucionalizado de manera equívoca. Los orígenes de este elemento parecen radicar en el hecho fundamental de que todo sistema social impone unas disciplinas en los actores individuales que lo componen, y que estas disciplinas nunca se aceptan por completo, en el sentido de que se integren plenamente en la estructura de la personalidad de los actores sin la presencia de unos elementos alienativos derivándose por tanto una ambivalencia. Hay siempre un elemento de deseo de que las cosas no tengan que ser así y unos elementos de fantasía acerca de los estados de las cosas en que no se apliquen las restricciones que llevan a la frustración, en donde todo sea, en este sentido de satisfacción de unos deseos, como «debería» ser. Cuál sea concretamente el contenido de este elemento utópico-romántico dependerá de las disciplinas en particular que se impongan en la sociedad y de las complejas reacciones psicológicas a estas disciplinas en todos los niveles del proceso de socialización. Son también diversas las formas en que se pueden manejar tales elementos dentro de una tradición cultural. Algunos de ellos se expresarán quizá en forma artística de tal manera que se aparten por completo de toda posibilidad de que se implique una obligación en la acción. Por muy importante y auténtico que indudablemente sea el marco de referencia del «problema del significado» con respecto a la religión, el desplazamiento de los deseos frustrados a la esfera de lo trascendente parece ser un componente extraordinariamente frecuente, si no universal, de las religiones; así, por ejemplo, la idea de un Estado en el que exista una completa y perfecta seguridad psicológica, en el que el amor infalible de Dios supla las deficiencias del amor humano finito, o en el que el elemento de la coerción, que parece hasta cierto punto inherente a las sociedades humanas, se imagine estar ausente en absoluto. "



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