El triunfo de la vida (fragmento)José María Rivas Groot

El triunfo de la vida (fragmento)

"Cruzamos la población, en que alternan dos edades: murallones grises, callejuelas con olor de vetustez y fachadas del tiempo del Imperio; luego un hermoso contraste, a la orilla del mar, formando larga avenida, paralela a la playa, quintas risueñas, villas de mármoles recién bruñidos, que ostentan todos los estilos, todas las líneas de una arquitectura juvenil y caprichosa. Los pórticos, bañados a trechos por el sol y por los reflejos de las olas, a trechos sombreados por las copas de los pinos y por los telones de las enredaderas, presentan un juego de luces y sombras que refrescan y acarician la retina.
Por la tarde, en compañía del escultor, recorremos la avenida, por entre doble fila de quintas y palacios. A nuestro lado, a veces aparece el mar, a veces se oculta tras los edificios y jardines, pero siempre se revela por el rumor soñoliento de las olas al morir, fatigadas, en la playa.
Cruza por la avenida un carruaje, y a pocos pasos se detiene ante una verja: carroza brillante, dos caballos alazanes, cochero y lacayo de librea. Se abre la portezuela y sale un anciano, robusto, ágil, pues para bajar no se apoya en el brazo que le ofrece el lacayo. Luego una joven salta a tierra; el lacayo se aparta y va a abrir la reja del parque. El anciano se volvió hacia el mar, se detuvo a contemplar el horizonte; pude entonces observar sus facciones: la limpia serenidad en la mirada, contrasta con los cabellos blancos como la nieve; un rostro lleno de bondad y de franqueza, que inspiraba desde luego simpatía y respeto. "



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