Las nieves del tiempo (fragmento)Marcelo Birmajer

Las nieves del tiempo (fragmento)

"En la soledad de su habitación se preguntó qué tendría que haberle dicho al muchacho para no quedar como un cretino. ¿La verdad? Tu novia me vino a buscar, me tomó de los brazos, me besó, se metió debajo de mi cama, se subió arriba de mi cama, se subió arriba mío. Me sedujo y me tomó como si yo fuera una mucama. Era inimaginable: estaría traicionando a la chica, rompiendo la pareja y arruinando la vida del muchacho sin ninguna ventaja. Lo mejor sería huir inmediatamente a Buenos Aires, sin dejar siquiera rastros de su paso por aquel pueblo perfecto. Pero no podía. No podía dejar nada de todo aquello. Ni el contrato, ni los dulces, ni el aire... Ni a Natacha.
Una semana más tarde, como estaba programado, se enfrentaron en el ring de boxeo Lucas «Coki» Olsen, representando a Las Nieves, y Alfredo «Comahue» Ballester, oriundo de Pachecales. Esos siete días entre el encuentro con Ezequiel y la asistencia a la pelea Borgovo los pasó esperando a Natacha y rogando que no apareciera. No dejaba de pensar en ella, pero la prefería lejos. Lunes y martes casi no tuvo trabajo. Pero el miércoles por la mañana le pidieron un artículo sobre literatura patagónica, para el diario regional, con una leve adaptación, resaltando los valores de Las Nieves, para republicarlo en el periódico local. Borgovo acudió directamente a la biblioteca, sabiendo que la información necesaria no la encontraría en Google.
Se internó en un verdadero arcón de libros, donde alternaban antiguos volúmenes encuadernados en cuero peludo de vaca o corteza de árbol adornada con savia seca, y monografías mecanografiadas cosidas o abrochadas por sus propios autores; carpetas escolares con hojas de poemas sueltos; cartas de amor con documentos de propiedad. De pronto apareció un tratado de Juan Domingo Perón sobre los indios, armado como un cuaderno de tapa dura. Borgovo encontró un ejemplar sin tapas, en lo que parecía danés, o alguna lengua de los países nórdicos, con retratos de rostros que daban miedo, por su mezcla de seriedad y depravación. Una tribu de gente blanca, semidesnuda, a los pies de un monte. Los dibujos eran de un realismo fotográfico. En otra de las páginas se veía un anciano, con una larga barba de chivo, encimándose a un cordero, aparentemente en una posición de bestialismo. "



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