Una historia de la razón (fragmento)François Châtelet

Una historia de la razón (fragmento)

"Los filósofos han transformado el mundo. Lo han querido y lo han conseguido. No directamente, por cierto, sino porque sus ideas han influido sobre las élites y sobre las masas. Las ideas filosóficas se han incorporado en lo real. De lo cual deriva el interés por saber cómo el proyecto filosófico ha nacido y se ha consolidado. Visitemos ese terreno primero de la ciudad griega, más exactamente de la democracia ateniense, para ver en qué condiciones esta idea pudo aparecer.
Estamos en el siglo V antes de nuestra era. Grecia está dividida entre el poder de múltiples ciudades, algunas muy pequeñas -del tamaño de la comuna de Montmartre, por ejemplo-, otras más grandes -de la superficie del departamento de la Seine-et-Marne. La más extensa es Esparta. Estas ciudades tienen en común dioses, una cultura, una lengua. Pero son rivales. Se hacen la guerra a pesar de la amenaza de la invasión bárbara que pesa constantemente sobre ellas. Estas ciudades han creado colonias que, muy rápidamente, conquistan su independencia y hacen soplar un espíritu nuevo. Ha sido preciso elaborar íntegramente un organismo, construir ciudades, instituir constituciones, y el pensamiento tradicional se ha hallado sometido a una ruda prueba. Para esas colonias, la tradición ya no alcanza. Este espíritu remonta hacia el centro y, desde el siglo VI, todas estas ciudades son sacudidas por un viento de renovación. Esto es particularmente verdadero para Atenas, donde algunos hombres van a inventar lo que se llamará la "democracia". En esa época la democracia se define esencialmente por la igualdad. Todos los ciudadanos, independientemente de quienes fueren, cualquiera, fuere su fortuna, su origen, la antigüedad de su familia, todos son iguales ante la ley. Tienen el mismo derecho de intervenir ante los tribunales y de tomar la palabra en las asambleas donde se delibera acerca del destino colectivo.
En efecto, en la democracia la palabra se convierte en reina. Hasta entonces las decisiones eran en general tomadas en secreto por los aristócratas. Las familias nobles deliberaban y luego anunciaban al público la decisión adoptada para el conjunto de la colectividad. En esas ciudades tradicionales, la educación era sobre todo moral y militar. Se le concedía poco valor a la palabra. Se habla poco y, cuando se habla, se recitan los viejos poemas tradicionales que glorifican los orígenes misteriosos de la ciudad. En la ciudad democrática la palabra se va a imponer y el que la domine va a dominar. "



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