La mujer: en el pasado, en el presente, en el porvenir (fragmento)August Bebel

La mujer: en el pasado, en el presente, en el porvenir (fragmento)

"En la sociedad humana todos los individuos están ligados unos a otros por mil lazos, tanto más numerosos cuanto el grado de civilización de un pueblo es más elevado, y cuando se producen conmociones siéntenlas inmediatamente todos los miembros. Perturbaciones en la forma actual de la producción influyen en la repartición y el consumo, y recíprocamente. El carácter particular de la producción moderna es su concentración en un número de manos cada día más limitado y en centros de producción cada vez mayores. En la repartición se manifiesta una corriente del todo distinta. El que como productor ha sido excluido por una competencia ruinosa del número de individualidades establecidas por su cuenta, procura, de cada diez casos nueve, establecerse como vendedor detallista entre el productor y el consumidor, y de esta suerte prolongar su precaria existencia.
De ahí el hecho sorprendente de la enorme multiplicación dé los humildes e ínfimos intermediarios, vendedores, revendedores, tenderos, agentes de negocios, corredores, representantes, detallistas de cerveza y aguardiente. La mayor parte de esos individuos entre los cuales tan ampliamente representadas están las mujeres establecidas por su cuenta, llevan generalmente una vida miserable llena de zozobras, con bienestar mucho más aparente que real. Muchos de ellos están obligados, para comer, á especular sobre las más viles pasiones del hombre y prestarse buenamente a sus exigencias. De ahí esa invasión de los reclamos más repugnantes, sobre todo por lo que se refiere á la satisfacción de la avidez de los placeres.
Es, pues, incontestable -y, colocándonos en un punto de vista más elevado, hemos de felicitarnos grandemente de ello- que está profundamente encarnada en la sociedad moderna la tendencia á gozar de la vida. Comienza á comprenderse que para ser un hombre hay que vivir de una manera digna del ser humano, y a esa necesidad se da una expresión cuya forma corresponde á la idea que se forja, desde el punto de vista social, de los goces de la vida. Pero la sociedad, con la forma que en ella ha tomado la riqueza, se ha vuelto más aristócrata que en cualquier otro período anterior. La distancia entre los más ricos y los más pobres es mucho mayor que nunca; por el contrario, la sociedad, así en sus ideas como en sus leyes, se ha vuelto mucho más democrática. Pero la masa no solo pide más igualdad en teoría, sino también en la práctica y como en su ignorancia, no conoce aún el camino para llegar a ello, busca esa igualdad procurando imitar a las clases superiores y dándose todos los goces que pueda llegar a proporcionarse. Centenares de medios artificiales sirven para excitar ese instinto, cuyos resultados harto conocemos todos nosotros.
En muchos casos, la satisfacción de una inclinación justificada por la Naturaleza conduce a extravíos y crímenes; la sociedad directora interviene a su manera, porque no podría hacerlo de un modo más marcado, so pena de aniquilar su propia existencia actual.
Pero el aumento constante de la masa de los intermediarios tiene, además, por resultado otros inconvenientes. Aunque con muchas penas y trabajando rudamente, esta clase no deja de ser, en todos sus grados, una clase de parásitos, improductiva de hecho, y que vive del trabajo ajeno, lo mismo que la clase patronal.
El desmesurado encarecimiento de las mercancías y de todo lo necesario para la vida es la consecuencia ineluctable de semejante estado de cosas. Mercancías y víveres aumentan a consecuencia de ese comercio intermediario, en tales proporciones que cuestan frecuentemente el doble, y hasta más, del precio a que los ha adquirido el productor. Donde un aumento sensible de los precios sería imprudente o imposible, empléense la alteración, la falsificación de las materias alimenticias, las falsas medidas y los pesos falsos para embolsarse un beneficio que no podría realizarse de otra suerte. "



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