
1851 | 29 años Baile de gitanos Óleo sobre lienzo. Museo Thyssen Bornemisza. Málaga 111.5 x 161.5 cm. |
1851 | 29 años Cofradía en Sevilla Óleo sobre lienzo. Museo Thyssen Bornemisza. Málaga 111.5 x 161.5 cm. |
1872 | 50 años Retratos íntimos Óleo sobre lienzo. Musée des Beaux-Arts. París 69 x 82.5 cm. |
1879 | 57 años Salida de los soldados Óleo sobre lienzo. Museo Carnavalet. París 90 x 130 cm. |
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Biografía: Pintor francés nacido en París. Discípulo de Léon Cogniet, en cuyo taller se encontró con Léon Bonnat. Dehodencq, que obtuvo algunos éxitos en el Salón parisino a partir de 1844, viajó a España a finales de agosto de 1849, tras obtener del Gobierno francés el encargo de realizar un cuadro en ese país. Su interés por la pintura española debió de nacer de su asiduidad a la Galería Española de Luis Felipe, con cuyo periodo de vigencia (1838-1848) coincidieron sus años de aprendizaje y sus inicios profesionales. Durante ese periodo, sin embargo, no hay en su obra trazas de influencias españolas. Solo un Autorretrato de 1848, ha sido relacionado, aunque sobre bases más bien vagas, con posibles sugestiones velazqueñas. Ya en Madrid, donde los Madrazo le procuraron un taller para que trabajase, su entusiasmo por las obras de Velázquez se haría patente en algunas cartas publicadas por su amigo Gabriel Séailles. Novillada en El Escorial (1850), el cuadro que hizo para cumplir con el encargo del Gobierno francés, obtuvo un gran éxito en el Salón de 1851 y pasó inmediatamente al Museo de Luxemburgo, donde suscitaría la admiración del círculo de pintores realistas del que formaban parte Legros, Fantin-Latour y Astruc, y, sobre todo, la de Manet, que vería en él la prueba de que la estancia de Dehodencq en Madrid había obrado «un milagro». Con algunas interrupciones, algún viaje a París, y estancias en Marruecos, en donde realizó escenas orientalistas, Dehodencq permaneció en España hasta 1863. Entre 1851 y 1854 trabajó en Sevilla al servicio del duque de Montpensier y en 1855 se estableció en Cádiz, donde se casó con María Amelia Calderón. Tras su vuelta a París en 1863 siguió presentando en los salones cuadros de tema español (Cristóbal Colón en el convento de la Rábida, 1864; El último adiós del rey Boabdil a Granada, 1869, etc.), pero, olvidado ya por los críticos y aficionados tras sus trece años de ausencia, e incapaz, por otra parte, de asimilar los avances hacia el realismo y el impresionismo de las nuevas generaciones de pintores franceses, se convirtió en una figura marginal. Sus contemporáneos (Gautier, Astruc) vieron en él al definidor de una imagen más realista de España y la crítica francesa ha señalado, en general, lejanas sugerencias velazqueñas, el aire de dignidad y sobriedad de los personajes, la visión franca y realista del suceso, la gravedad con que se presenta, en su Novillada en El Escorial. Sin embargo, y pese al tono exaltado de sus cartas, hay en su obra muy pocas huellas evidentes del estudio de los maestros españoles a excepción de las que muestran el retrato de su hija, Marie Dehodencq (1872), inspirado en los retratos de la infanta Margarita de Velázquez, y, quizá, el Retrato de la familia del duque de Montpensier en los jardines de San Telmo, que Guinard caracterizó como una de las obras más velazqueñas de la pintura francesa. © José Álvarez Lopera |

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