
1884 | 29 años Fuente de la cigüeña y el zorro Mármol. Parc de la Ciutadella. Barcelona |
1886 | 31 años Félix de Azara Mármol. Museo Martorell. Parc de la Ciutadella. Barcelona |
1886 | 31 años Jaume Salvador Mármol. Museo Martorell. Parc de la Ciutadella. Barcelona |
1904 | 49 años General Vara de Rey Bronce. Paseo de Vara de Rey, s/n. Ibiza |
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Biografía: Eduard Batista Alentorn, escultor español nacido en Falset, Tarragona. Vivió una infancia muy difícil, ya que su padre intentó en varias ocasiones matarles a él y a su hermano y, tras un último intento fallido, los abandonó. No en vano, el futuro escultor siempre firmaría sus obras con el apellido materno, y es conocido como Eduard B. Alentorn. A los 13 años entró como aprendiz en el taller del escultor Juan Roig Solé (1835-1918) y más tarde se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Trabajó también con los escultores Rafael Atché, Andrés Aleu y con los hermanos Venancio y Agapito Vallmitjana, los más prolíficos representantes de la escuela escultórica catalana ochocentista. En 1879, el Ayuntamiento de Barcelona le concedió una pensión para ampliar conocimientos en Roma, y en 1881 participó en la Exposición de Bellas Artes de Madrid, donde expuso su obra El Hijo Pródigo. El mismo año ejecutó el Nacimiento de Venus, grupo central de la cascada del parque de la Ciutadella de Barcelona, según modelo de los mencionados escultores Vallmitjana. Para el mismo parque de la Ciutadella realizó la Fuente de la cigüeña y el zorro (1884) y dos estatuas destinadas a flanquear la escalinata de acceso al interior del Museo de Geología, dos años después. Dichas estatuas, que fueron premiadas con medalla de bronce en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, representan al naturalista e ingeniero militar ilustrado Félix de Azara (1746-1821) y al botánico y farmacéutico barcelonés Jaume Salvador (1649-1741). Participó en dos monumentos colectivos inaugurados en Barcelona en 1888, el dedicado a Cristóbal Colón, para el cual realizó el grupo que representa al caballero Pedro Bertrán y de Margarit (1455-1505), que acompañó a Colón en su segundo viaje a América, y el monumento al fabricante y economista defensor del proteccionismo Juan Güell Ferrer, para cuyo pedestal esculpió una figura alegórica de la Marina. Asimismo, aportó su colaboración a la decoración escultórica de diversos edificios públicos, como el Palacio de Justicia de Barcelona, para cuya fachada realizó cuatro estatuas y tres relieves alegóricos. Alentorn cultivó además la escultura religiosa, entre la que destaca el relieve con la representación del Tetramorfo, situado en el pórtico central de la iglesia del Sagrat Cor, en la calle Casp de Barcelona. También realizó la imagen de la Virgen del Carmen para la iglesia barcelonesa de la Concepción y las imágenes de la Inmaculada Concepción y santa Matilde para la iglesia de las Hermanitas de los Pobres de Gracia, en Barcelona. Su obra religiosa más significativa es la imagen de santa Elena en bronce, de siete metros de altura, que corona el cimborio de la catedral de Barcelona, donde también se hizo cargo de las imágenes de san José Oriol, san Raimundo de Peñafort y santa María de Cervelló, situadas en la fachada principal. Además de producir abundante escultura funeraria, Alentorn practicó también el género del retrato. Su obra de más envergadura es, sin duda alguna, el monumento al General Vara de Rey (1904), inaugurado en Ibiza, donde además de la estatua del protagonista destacan las figuras alegóricas de la Patria y de la Fama. En 1913, la Comisión del Ensanche del Ayuntamiento de Barcelona le encargó la realización de tres fuentes públicas. De iconografía costumbrista y de factura realista, la Fuente de la Pubilla, la Fuente de la tortuga y la Fuente del negrito, se inauguraron dos años más tarde. Alentorn, a quien la muerte le sorprendió cuando trabajaba en un monumento a los promotores de la acequia de Manresa, fue un destacado representante de la prolífica escuela escultórica catalana de la época de la Restauración borbónica, cuyos miembros fueron técnicos muy competentes, con un extraordinario dominio de su oficio, pero desarrollaron un minucioso realismo con escasos toques de originalidad, un realismo al que Alentorn aportó cierta noción de naturalidad. © RAH |

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